Los doce errores que una casta política no puede cometer, sin morir en el intento

1) No exprimas a la ciudadanía hasta la extenuación. No cargues todo el peso del ajuste sobre las espaldas de los ciudadanos, para no tocar los diecisiete chiringuitos en que has convertido el estado autonómico. Con ello, solo consigues empobrecer a la gente para mantener tu negocio. La gente empobrecida siente la tentación de abrazar el extremismo. Si además comprueba lo bien que tú sigues viviendo, normalmente se deja caer en esa tentación.

2) No traiciones tus señas ideológicas de identidad. Si eres socialista, no indultes banqueros, ni reduzcas las pensiones. Si eres conservador, no liberes terroristas, ni mantengas leyes de aborto libre. Aunque tú solo te muevas por dinero, muchísimos electores creen sinceramente en una serie de valores ideológicos.

3) No trates a tu electorado como si fuera imbécil. Si traicionas tu programa electoral, no intentes encima convencer al votante de que no es cierto lo que está viendo con sus propios ojos. Aunque tú creas que sí, la mayoría de la gente no tiene un pelo de tonta.

4) No pienses que puedes controlar lo que ya no controlas. Aunque no lo creas, ya no vivimos en la era del papel y de la TV. Y aunque pienses que puedes controlar a la opinión pública quitando y poniendo directores de periódico, o a base de concesiones de licencias y publicidad institucional, la Red permite hoy en día a los ciudadanos organizarse, superar cualquier bloqueo informativo y conocer la realidad que tú tratas de ocultar.

5) No perviertas tus instrumentos de medida. Has convertido los organismos y empresas de análisis demoscópico en simples herramientas de manipulación de la opinión pública. En consecuencia, has terminado haciéndote trampas al solitario y creyéndote tus propias predicciones inventadas. Pasó con las últimas elecciones autonómicas catalanas y ha vuelto a pasar en las europeas.

6) No cierres las válvulas de escape de una olla a presión. La tensión acumulada termina encontrando vías de salida, a veces de forma explosiva. Has hecho, por ejemplo, lo posible y lo imposible para evitar que te salieran fuerzas contestatarias de derecha moderada, con lo cual has terminado consiguiendo que te salga una contestación de extrema izquierda. Como suele decirse: “ahí la tienes, báilala”.

7) No sobrevalores la aversión al caos. Como dice Huerta de Soto, el Imperio Romano cayó porque los gobernantes consiguieron que el ciudadano terminara prefiriendo ser invadido por los bárbaros. Si dices “¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy moderado!”, la cosa puede funcionar. Pero lo que no funciona nunca, por ejemplo, es el mensaje “¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy un perfecto ladrón!”.

8) No desprecies el valor de lo simbólico. En tu afán por consolidar el estado autonómico en el que se basa tu negocio, has tratado de eliminar cualquier referencia simbólica a España. Y ahora te encuentras con que no tienes ningún argumento con el que pedir a la gente sacrificios: ¿por quién va a sacrificarse la ciudadanía, aceptando ajustes duros? ¿Por ti? ¿Por el partido? ¿Por la Monarquía? ¿Por la República Confederal? ¿Por Europa? Nadie se sacrificaría por nada de eso. Sin embargo, sí serían capaces de hacerlo por su país.

9) No sobrevalores el papel de la propaganda. Por mucho que te empeñes en repetir que “hay brotes verdes”, que “la recesión ha terminado” o que “hay alegría en las calles”, la gente va a comprar todos los días, y sabe cuánto le dura su sueldo, y habla con sus amigos y con sus familias. Las mentiras flagrantes solo convencen a los que de todas formas te habrían votado, aunque no las dijeras.

10) No mates a la gallina de los huevos de oro. Si eres corrupto, trata al menos de moderarte. No puedes saquear en comandita las cajas de ahorros, y encima desahuciar a decenas de miles de personas, y encima estafar a centenares de miles con las preferentes, y encima hacer que todos ellos paguen con sus impuestos el agujero generado. Las cosas, los bolsillos y el aguante de la gente, dan de sí lo que dan de sí.

11) No desprecies el valor de los sacrificios rituales. Cuando el dios de la opinión pública se encoleriza por el estado de corrupción generalizada, no te queda más opción que aplacarlo. Y eso exige soltar lastre. No puedes pretender calmar a la ciudadanía colérica, si ningún corrupto va nunca a la cárcel o si conviertes la institución del indulto en una garantía perpetua de inmunidad.

12) No confundas el laboratorio con la realidad. La ingeniería social también tiene sus límites, como la civil: los límites que impone la propia sociedad que se quiere transformar. Si un terreno no ofrece una base adecuada para construir una presa, construirla es un suicidio. De la misma manera, mantener, por ejemplo, hojas de ruta de confederalización sin apoyo social en toda España, equivale a un suicidio colectivo, como estás teniendo ocasión de comprobar.

26 de Mayo de 2014 – 12:05:31

Fuente: Libertad Digital / 

2 pensamientos en “Los doce errores que una casta política no puede cometer, sin morir en el intento

  1. Añado un décimo tercer error: menospreciar a tu oponente. Sobre todo cuando más adelante quizá te veas obligado a implorar su apoyo.

  2. Hola Nachi. ¿Qué tal? Estoy de acuerdo contigo pero quizás el mayor menosprecio se dirige hacia los propios ciudadanos, sean votantes o no. Entonces, ¿cómo no van a despreciar al oponente o al que se ponga por delante?

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