Un alegato en contra de la diversificación

JUMP: la fórmula para crear escuelas excelentes (y baratas)
…sin dejar a nadie atrás.

John Mighton. (Chris Chapman/JUMP)

Es muy habitual escuchar a políticos y pedagogos decir que todos los niños tienen la capacidad de desarrollar sus habilidades y que ninguna persona es mejor que otra. Pero al mismo tiempo, muchos proponen separar a los alumnos cuanto antes mejor, para que los “listos” desarrollen sus habilidades al máximo, y los menos listos logren, al menos, pasar de curso.

El dramaturgo y matemático canadiense John Mighton, emprendedor Ashoka y fundador del programa JUMP (“Junior Undiscovered Math Prodigies”), quetrata de implantar en las escuelas una nueva forma de enseñar matemáticas, tiene una idea clara: a muchos niños no se les da la oportunidad de mejorar sencillamente porque sus profesores no se preocupan de ayudarles. Pensamos, porque así nos lo han enseñado, que hay niños que, sencillamente, no tienen la habilidad necesaria para ser buenos en matemáticas o lengua, lo asumimos, y les damos por perdidos. Un tremendo error.

“Las ideas que tenemos acerca de lo que los niños pueden hacer son similares a las que tuvimos en su momento sobre las habilidades intelectuales de los esclavos o las mujeres, ya que están basadas en la ignorancia, no en la evidencia”, ha explicado Mighton a El Confidencial.“Cuando vemos a tantos niños con dificultades para aprender matemáticas, asumimos de forma automática que no tienen el tipo correcto de genes o cerebros, en vez de investigar científicamente si el problema puede tener otras causas”.

Se trata, como explica el canadiense, de un discurso muy cómodo, sobre todo para la gente que cuenta con suficientes recursos: “Los humanos siempre tendemos a mirar a la raza o la genética como causa de los problemas, aunque es mucho más probable que estos estén causados por la falta de oportunidades”. Pero, en vez de preocuparnos por integrar a todos los niños, pensamos en separarlos.

Un alegato en contra de la diversificación

Ahora que está tan de moda la escuela diversificada –esto es, en brocha gorda, separar a los niños según sus habilidades, para tratar de darles una educación más personalizada–, es curioso encontrar una historia pedagógica de éxito que clama por todo lo contrario: la integración como herramienta educativa.

“Ya en la guardería los niños empiezan a compararse entre ellos y deciden quien es listo y quién no lo es”, explica Mighton. “Pensamos que estas comparaciones son algo inocente y natural, y no hacemos nada por disuadirlas, de hecho a menudo las animamos. En JUMP pensamos quelas comparaciones están en la raíz del pobre rendimiento en matemáticas de muchos estudiantes. En cuanto un estudiante decide que no tiene talento para las matemáticas deja de trabajar de forma eficiente, deja de preocuparse por aprender y deja de prestar atención, tomar riesgos y recordar cosas. Incluso puede desarrollar ansiedad o problemas de comportamiento que va a hacer que aprender matemáticas sea aún más difícil”.

Lo que proponen Mighton y sus colegas con JUMP es dejar de comparar, y separar a los niños, y dar las herramientas a los profesores para que, en una misma clase, todos los alumnos rindan más, independientemente de sus habilidades de partida.

El método de JUMP parte de lo que MIghton llama “conocimiento guiado”. Los estudiantes son alentados a explorar y descubrir las materias por sí mismos, pero los profesores le dan las guías necesarias para asegurarse de que todo el mundo lo consiga. “Gracias al ‘conocimiento guiado’ los desafíos se convierten en peldaños manejables”, explica el matemático. “Los estudiantes son evaluados con frecuencia para asegurarse de que nadie se ha quedado atrás, y se insiste en los exámenes y las prácticas para consolidar los conceptos antes de que el maestro pase a la siguiente lección”.

¿Cómo resuelve el método JUMP las diferencias existentes entre los distintos alumnos? “Los estudiantes que van más rápido reciben preguntas extra, pero estas preguntas son pequeñas variaciones de la lección que se está enseñando”, explica Mighton. “Cuando los estudiantes que van más retrasados ven que sus compañeros pueden hacer trabajos extra empiezan a esforzarse para poder resolver también las preguntas “bonus”. Enseguida toda la clase acaba moviéndose casi a la misma velocidad”.

La historia de un descubrimiento personal

Mighton descubrió su amor por las matemáticas a los 11 años, gracias a un libro para niños en el que dos amigos construían una cinta de Moebius que les permitía viajar por el tiempo. Pero, pese a que siempre sintió fascinación por los números, dejó de estudiar matemáticas cuando le pusieron un aprobado raspado en la clase de cálculo en la universidad. Tampoco fue brillante en lo que respecta a la escritura, su otra pasión.

“Casi me suspenden calculo en la universidad y obtuve la peor nota en escritura creativa de mi curso”, explica Mighton. Pero entonces, con 20 años, descubrió que la escritora Sylvia Plath, una de las más famosas poetisas estadounidenses, había aprendido a escribir memorizando poemas y escribiendo imitaciones de otros escritores. Empezó entonces a entrenarse como escritor y acabó siendo un conocido dramaturgo, con varios premios a sus espaldas. “Después hice lo mismo con las matemáticas y acabé haciendo el doctorado”, explica Mighton. “Lancé JUMP porque no quería que los niños malgastaran el tiempo dudando de sus posibilidades como hice yo cuando era joven”

El método ideado por Mighton se ha implementado ya con éxito en numerosas escuelas canadienses y estadounidenses, pero también en un experimento a gran escala en Bulgaria y en programas pilotos en Irlanda y España. Y parece ser un éxito. Ya que, como insiste Mighton, se han realizado numerosos estudios científicos que demuestran que funciona (link a estudio). El próximo paso: trasladar el método al resto de materias.

Mighton lo tiene claro: hay otra manera de enseñar, y sólo cambiando la forma en que los profesores hacen su trabajo se podrán mejorar los sistemas educativos. El dinero no es un problema. “El programa JUMP es más barato que los métodos tradicionales, así que la sociedad puede reducir la brecha entre estudiantes sin gastar más”, explica el matemático. “Pero, aunque nos costara más enseñar bien matemáticas, los beneficios económicos de tener una sociedad en la que la gran mayoría de las personas disfrutan y son buenos con las matemáticas superaría con mucho los costes”.

Fuente:  JUMP: la fórmula para crear escuelas excelentes (y baratas) sin dejar a nadie atrás – Noticias de Alma, Corazón, Vida  http://bit.ly/1m2UVOV

Tu entorno determina la altura de tu éxito

David J. Schwartz, en su libro La magia de pensar en grande, relata la siguiente historia que nos sirve para ilustrar algo que no es baladí: ‘Tu entorno determina la altura de tu éxito’. Dice así: «Hace unos años fui testigo de una excepcional reunión de negocios. El vicepresidente encargado del área de marketing de una compañía estaba muy emocionado. Con él se encontraba el mejor representante de la organización.

Era un chico que había ganado unos 60.000 euros. Las ganancias de otros representantes eran de unos 12.000 euros. El ejecutivo se dirigió al grupo:

– Quiero que observéis atentamente a Harry. ¿Qué tiene Harry que vosotros no tengáis? Ha ganado cinco veces más que la media, pero ¿es Harry cinco veces más inteligente? Según nuestras pruebas de selección de personal, no lo es. Lo he comprobado yo mismo y lo que muestran es que está en la media.

Y siguió:

– ¿Ha trabajado Harry cinco veces más duro que vosotros, muchachos? Tampoco, de hecho se ha tomado más tiempo libre que la mayoría de vosotros. ¿Tenía asignada una mejor zona de trabajo? Otra vez la respuesta es no. ¿Ha tenido Harry una mejor educación? ¿Está más sano? Otra vez la respuesta es no. Harry es tan normal como cualquiera, excepto por una cosa. La diferencia entre Harry y el resto de vosotros es que Harry pensó cinco veces más a lo grande».

David J. Schwartz concluye: «Me han preguntado millones de veces por qué si pensar a lo grande tiene tantas ventajas no todos pensamos así. Creo que tengo la respuesta: Todos nosotros, aunque no lo queramos reconocer, somos el producto de los pensamientos que nos rodean. Estos pensamientos no son grandes, al contrario, son pequeños. Alrededor, nuestro entorno intenta convertirnos en ciudadanos de segunda».

En muchas ocasiones he afirmado que no existen los límites, solo las limitaciones, y estas no están en las personas sino en los entornos que determinan nuestras creencias –nuestro software interno– e influyen poderosamente en lo que una persona consigue. El problema nunca está en nuestra incapacidad para lograr algo, sino en la convicción de que no somos capaces, lo que conduce a que la mayoría de personas no lleve una vida de acuerdo a sus posibilidades reales (potencial) sino a sus creencias (límites mentales). La mayor debilidad humana es que nos infravaloramos, que creemos que no somos suficientemente buenos, las dudas que albergamos sobre nosotros mismos. Y eso hace que la gente, como cree que no es capaz de lograr metas ‘grandes’, se fija metas ‘pequeñas’.

El éxito antes que nada es una disposición de la mente; y el alimento de la mente es el entorno que es de donde se nutren nuestras creencias. Nadie es indiferente a lo que lee, ve o escucha. El entorno nos arrastra –sin que nos demos cuenta, ese es el peligro– a una determinada forma de pensar, de sentir y de actuar. Los procesos de contagio emocional son automáticos e inconscientes. Por eso, Jim Rohn siempre decía: «Tu vida es una media de las cinco personas con las que más te relacionas».

Nuestras creencias nos dominan para bien y para mal. Te conviertes en lo que crees, te guste o no, porque una creencia no es otra cosa que una idea que domina nuestra mente, que damos por cierta, pero que muchas veces es falsa.

Nuestras creencias determinan nuestros pensamientos, y los pensamientos son los antecedentes de los actos: una forma correcta de pensar conduce a una forma correcta de actuar, y viceversa. Cada pensamiento es una inversión o un coste, te da poder o te lo quita; cada pensamiento es una bendición o una maldición. Las personas somos ‘estados de ánimo con piernas’. Por eso, si no controlas tu mente, no controlas tu vida. No te creas que solo trabajando duro conseguirás resultados. Eso es lo que nos han vendido pero no es en absoluto cierto. La primera regla para lograr algo grande es tener el control sobre uno mismo, estar mentalmente preparado.

La mente, cuando no se domina, puede convertirse en una especie de ‘campo de concentración’ con sus pensamientos negativos, esos monstruos mentales que nos torturan, nos sabotean, nos arrinconan y nos hacen sentir pequeños: no soy bueno, no soy capaz, no me lo merezco, no se puede, es imposible, es muy difícil… Los pensamientos negativos son algo así como un ‘suicidio espiritual’.

No basta querer, hay que creer. Querer no es poder, creer es poder. La voluntad por sí misma no es suficiente. Hay un tema previo a resolver: nuestras creencias limitantes. Si tus creencias son de escasez, pobres, poco ambiciosas en cualquier ámbito –dinero, empleo, amor, relaciones personales…– porque así te lo han hecho creer, tus probabilidades de éxito son muy limitadas. Nuestro mundo ‘exterior’ (frutos = resultados) no es sino un reflejo de nuestro mundo ‘interior’ (raíces = creencias). No es casual que Henry Ford afirmase en su día: «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, estás en lo cierto». Por eso añadía: «Busco hombres que tengan la infinita capacidad de no saber lo que no se puede hacer».

Coloque una pulga dentro de un frasco y tápelo. En ese momento la pulga empieza a saltar, pero como el frasco está cerrado, no puede salir. Tras varios intentos frustrados, llega un momento en que decide pararse definitivamente: ha llegado a la conclusión de que es imposible escapar. En ese momento, usted puede quitar la tapa del frasco que la pulga no intentará salir jamás. Si lo intentase, lo conseguiría, pero ha quedado programada para creer que no tiene salida. Así funcionan las creencias.

En cierta ocasión, la presidenta de Microsoft, María Garaña, decía en una conferencia sobre ‘Emprendimiento’:

– La diferencia entre Silicon Valley y España no es el talento. Es el ecosistema, el entorno.

Hay entornos tóxicos y entornos estimulantes; entornos que alimentan la confianza y entornos que alimentan el miedo; entornos que sacan lo mejor de cada persona y entornos que reprimen el potencial que se alberga dentro de cada individuo. El entorno no es otra cosa que la tierra en la que uno se cultiva, y si la semilla es buena, pero el terreno no es fértil, no habrá fruto dulce. En los buenos entornos, el talento se expande; en los malos, se contrae. Un mal entorno es como caminar por arenas movedizas, por mucho esfuerzo que se haga, los avances son limitados; es como ir con el freno de mano echado.

Pero hay buenas noticias: ante la luz, la oscuridad se disuelve. Si quieres que tu vida mejore, tienes que ‘buscarte la vida’ para moverte en entornos de alto rendimiento. A lo mejor tienes que poner punto final –o distanciarte de la manera menos traumática posible– a relaciones y personas tóxicas, muchas de ellas, probablemente, de tu círculo más cercano. ¿Es fácil tomar esta decisión? No, exige coraje y valentía. Desprenderse y dejar ir ciertas cosas para tomar otras. Vivir es elegir y elegir es descartar. ¿Merece la pena? Tú decides, pero no se puede tener un desempeño diez estando rodeado de gente que consume energía y te hace rendir muy por debajo de tus posibilidades. Ya lo dice un dicho popular: «Si vives entre codornices, es muy difícil aprender a volar como las águilas».

Escrito por Francisco Alcaide

Fuente: http://anamorfosisbyindai.es/blog/blog/tu-entorno-determina-la-altura-de-tu-exito/

Indefensión aprendida

El experimento de la Indefensión Aprendida de Seligman y Maier

La “indefensión aprendida” hace referencia a la condición de un ser humano o animal que ha aprendido a comportarse pasivamente, sin poder hacer nada y que no responde a pesar de que existan oportunidades para ayudarse a sí mismo, evitando las circunstancias desagradables o mediante la obtención de recompensas positivas.

¿Cuál es la diferencia entre el elefante, la pulga e internet?

¿SABES COMO SE AMAESTRA UNA PULGA?

Se la coloca en un recipiente transparente, como un tarro de conservas, o un vaso, y se tapa la parte superior con un cristal.

Como es lógico, la Pulga salta con todas sus fuerzas intentando escapar, pero al saltar se pega contra el cristal transparente, y se hace daño. Así que poco a poco va “aprendiendo” que sus
esfuerzos son inútiles y que con cada intento se hace daño. Así que deja de saltar alto y comienza a dar saltos cada vez más pequeños. Al cabo de una semana de amaestramiento, su mayor salto será de solo 5 centímetros, y ya nunca saltara más alto.

No importa que retires el cristal, o incluso que la saques de su tarro, porque ese insecto que es la pulga, capaz de saltar normalmente hasta 1,68 metros, saltara solo 5 centímetros.

¿Es que Acaso le pasa algo en las Patas?

No, el problema es que ha “Aprendido” que la “Vida es dura”, y que si intentas saltar Muy Alto, te haces Daño.

¿Te suena eso de algo?

La vida es dura para muchos, mientras que algunos pueden correr libres desde jóvenes, a otros la vida les encierra en un tarro de desgracias y les tapa con un techo de fracasos. Muchas vidas se
ven limitadas por la situación socioeconómica de su país, y eso les limita a lo que pueden alcanzar en la vida.

¿Cómo está la economía en tu país?

¿Hay bonanza o…?

Son muchos los que viven mal por culpa de la situación económica de su país….
… y que les pasa como a las pulgas amaestradas, que cuando les sacan de su tarro, ya no se atreven a saltar más alto.

Una pulga amaestrada, sigue pudiendo saltar 168 centímetros, posee la capacidad para hacerlo en los músculos de sus patas, pero no se atreve porque ha aprendido que intentarlo es igual
a fracasar, a hacerse daño… porque ha estado mucho tiempo metida en un tarro de cristal.

De la misma manera todos tenemos la capacidad para triunfar, para ganar $5.000 USA al mes O mucho más! Pero a algunos los han mentido en un “tarro de cristal” que les impedía triunfar, que
les frenaba y hacia que fracasasen cada vez que lo intentaban, haciéndose daño. Llámalo País, crisis, situación personal, llámalo como quieras. Los casos son muchos y seguramente tú conoces alguno.

Sin embargo, nosotros NO somos pulgas, somos Seres Humanos, Personas, y tenemos el Derecho del Libre Albedrio, nosotros sabemos mirar alrededor nuestro con Lógica y saber cuándo nos ha retirado el Frasco, cuando podemos dejar de saltar pequeño y podemos tomar fuerzas para saltar muy alto, a plena potencia.

¿Cómo saberlo? Por ejemplo, en el caso de que alguien estuviese en dificultades económicas debido a la crisis de su país, ahora ese tarro ya no existe, ya nada lo limita. ¿Porque? Porque AHORA ESTA EN INTERNET, y en Internet no hay fronteras.

¿Qué te importa la crisis de un país, cuando puedes trabajar en todos los países del mundo desde el salón de tu casa?

Cuando alguien está en Internet, y posee el negocio adecuado, se encuentra fuera de su tarro de cristal, TIENE TODO EL PLANETA A SU ALCANCE, deja de estar limitado para pasar a poder desarrollar todo su potencial y poder saltar hasta lo más alto.

¿SABES COMO SE AMAESTRA UN ELEFANTE?

Cuando es joven y débil, se le ata una pata con una fuerte cuerda a un gran árbol. Como el árbol es más fuerte que el pequeño elefante, este tira y tira intentando liberarse, pero como es pequeño, no puede, y se acaba agotando, se frustra, y aprende a no tirar porque le es
totalmente inútil.

Después, cuando es mayor, basta con atar la pata trasera del Elefante a una simple silla, y el Elefante se quedara quieto, sin moverse, porque ha aprendido que cualquier esfuerzo es inútil.

¿Acaso un Gran Elefante no es capaz de mover una Pequeña Silla?

¡Claro que sí!

¡Y mucho, MUCHO MÁS!

¡Hasta un Árbol de varias Toneladas si le da la gana!

Sin embargo se rinde antes de intentarlo porque ha “aprendido” que
la vida es dura y que cuando te atan la pata trasera, de nada sirve
intentarlo porque no se consigue.

Y sin embargo el Elefante posee la CAPACIDAD para mover la silla y SER LIBRE para ir a donde quiera… pero prefiere rendirse antes de  intentarlo y se queda atado como un esclavo, a una simple silla.

¿A QUE TE SUENA ESO?

A muchas personas su Padres, sus amigos, o la misma sociedad, le ata a la Miseria cuando son jóvenes. Le convencen de que “la vida es dura”, de que él no puede alcanzar la riqueza, así que
cuando es joven, débil e inexperto, quizás lo intente, pero se encuentra atado a algo superior a sus capacidades, por lo que por mucho que lo intenta, nunca consigue nada.

Sin embargo más tarde se hace adulto, posee las plenas capacidades de una persona adulta, Sabe dónde Adquirir la Oportunidad y la Experiencia que necesita para Triunfar y por ello tiene la CAPACIDAD para alcanzar el éxito, porque todos la llevamos dentro. De igual forma que todo Elefante, por débil que sea, siempre podrá mover una silla.

De igual manera muchos son los que están atados con una cuerda a una silla, a un simple PREJUICIO, el de que “la vida es dura” y de que ellos nunca conseguirán triunfar.

Igual que si el Elefante intentase moverse, se vería ¡Libre No tiene ni que hacer fuerza! ¡Solo tiene que Moverse! ¡QUE PONERSE EN ACCION! Porque con solo mover su pata, ya moverá la silla.

SI TU TE PONES EN ACCION, TRIUNFARAS.

¡Simplemente haciéndolo! Porque tienes la CAPACIDAD para conseguirlo.

¡Los prejuicios son muy perjudiciales Sobre todo si nos atañen a nosotros mismos!

Muchas personas creen que no se pueden ganar $ 5.000 U$A trabajando desde casa con solo unas pocas horas de trabajo diario.

¿Por qué lo creen así? Porque sus padres, o la sociedad, les han inculcado que solo por medio del sudor de nuestra frente podremos ganar mucho dinero. Sin embargo, la cantidad de trabajo no está
relacionada en absoluto con los ingresos. ¿Crees que me equivoco?

Mira a un Peón, se levanta a las 6:00 de la Madrugada y se marcha a trabajar. Se pasa todo el día cavando una zanja y cargando ladrillos de un lado a otro. Quizás trabaja hasta 14 horas al día ¡Puede que más! Cuando llega a casa por la noche, está agotado de tanto trabajar y no es capaz de hacer otra cosa que acostarse y dormir para repetir su agotadora rutina al día siguiente.

Sin embargo, estarás conmigo en que NO es el peón el que más gana. El que más dinero gana es el Empresario.

El Empresario típicamente solo trabaja unas pocas horas por la mañana. Llega no a las 6:00 de la madrugada, sino quizás a las diez, o a las 11:00.

Mira como marcha el negocio, realiza cuatro consultas a aquellos en quien ha delegado la marcha del negocio (capataces, directivos, etc.) y después de dar algunas ordenes (por decir que hace algo) se va a casa a disfrutar de su familia, o a jugar al golf, o a hacer todo aquello que desee hacer.

Sabes que esto siempre ha sido así. Como ves NO es la CANTIDAD de trabajo lo que cuenta, sino la INTELIGENCIA con el que este se haga. Es la “Técnica”, el “Conocimiento” de como se hace ese trabajo.

Porque el que más gana, es el que trabaja de una forma más inteligente, sabia y productiva.

A ser un buen Empresario, se aprende. Igual que a Triunfar por Internet.

Edson Soterio
Consultor online y Experto En Redes Sociales (http://generadordetraficoviral.com/links/19586)

 

Elefante y pulga

Qué crédulos somos: 10 clichés muy peligrosos sobre el amor

LA VERDAD SOBRE LAS RELACIONES

Qué crédulos somos: 10 clichés muy peligrosos sobre el amor

Qué crédulos somos: 10  clichés  muy peligrosos sobre el amor

Con muchas frecuencia, culpamos a los medios de comunicación de masas, a la educación (religiosa y social) que hemos recibido y a las películas de Disney de habernos implantado ideas sobre el amor falsas pero ampliamente compartidas que entorpecen nuestra vida amorosa. Aunque en muchas ocasiones se señala a la cultura cristiana y sus conceptos de pecado y culpa como el origen de gran parte de nuestros problemas, desde que el hombre es hombre se han desarrollado teorías y visiones míticas sobre el amor que aún siguen inscritas en nuestro ADN cultural.

Platón ya planteó en El banquete el llamado mito del Andrógino, que señalaba la existencia de un sexo andrógino cuyos miembros tenían ocho extremidades, dos caras y dos órganos sexuales. El mito cuenta cómo dichos seres fueron castigados porZeus, que los partió por la mitad. Desde entonces, cada una de ambas mitades busca incansablemente la parte que le falta, la única capaz de completarle. Es un mito que ha dado lugar a muchas de las concepciones del amor que siguen vigentes en la sociedad occidental, como que estamos predestinados a encontrar la mitad que nos falta o que el ser humano no está completo hasta que no encuentra su otra mitad.

Diversos libros y estudios científicos han puesto de manifiesto la falsedad inherente en muchas de estas románticas concepciones. Es el caso de, por ejemplo, Couples: the Truth (Virago), de Kate Figes, en el que se sometían a juicio gran parte de las expectativas que todas las parejas tienen respecto a su relación, y que en muchos caso, son excesivas y por ello sólo conducen a la infidelidad. Es el caso, también, deThe 7 Myths About Love: Actually! (John Hunt Publishing) de Mike GeorgeSex and the Soul of a Woman: the Reality of Love and Romance in an Age of Casual Sex(Zondervan) de Paula Rinehart o A General Theory of Love (Vintage), un compendio científico que reúne una gran cantidad de los últimos descubrimientos científicos sobre el amor. Pero, ¿cuáles son los mitos más consolidados y por lo tanto, más dañinos?

  • El amor lo puede todo. La visión romántica tradicional sitúa el amor por encima de cualquier otro sentimiento y asegura que este, si es verdadero, prevalecerá sorbe cualquier dificultad. Ello tiene dos consecuencias peligrosas. Por una parte, que descartemos las relaciones que no funcionan fácilmente porque pensamos que simplemente no estamos destinados a estar con esa persona. Por otra, el opuesto absoluto, que es aguantar con una pareja con la que ha resultado claro que no somos compatibles hasta que acabamos con nuestra salud mental y sentimental.
  • El amor significa no tener que decir nunca “lo siento”. Esta célebre sentencia que aparecía en Love Story (Arthur Hiller, 1970), es totalmente rechazada por Kate Figes, que señala que en muchas ocasiones, las parejas discuten y se comportan de la manera que no desearían, y que quizá, en esos casos, sea necesario admitir el error y pedir perdón. Consideramos equivocadamente que si nuestra pareja nos quiere aceptará cualquier cosa que venga de nosotros, incluso una falta de respeto. Pero ello no debe servir de excusa para comportarnos de manera desagradable.
  • Sólo te enamoras de verdad una vez. Una de las visiones más habituales sobre el amor es que vivimos una sucesión de relaciones insatisfactorias, que se parecen sospechosamente al amor pero que no lo son, hasta que nos topamos con la persona que realmente nos corresponde. Es decir, una revisión más del mito del Andrógino. Sin embargo, cada relación tiene sus peculiaridades, y es normal y comprensible que recordemos nuestras parejas pasadas de manera muy distinta a la que estamos viviendo en ese momento.
  • El amor a primera vista demuestra que hay personas destinadas para nosotros. Cuando conocemos a una persona que de repente nos impacta, ya sea por su belleza, simpatía o inteligencia, o una mezcla de todo ello, sentimos que efectivamente, la teoría del flechazo es cierta y hay personas con las que estamos condenados a entendernos. Sin embargo, los expertos han puesto de manifiesto la gran cantidad de condicionamientos psicológicos que influyen en un caso así y que determinan nuestra predilección por una pareja u otra. Por ejemplo, que una persona nos muestre simpatía, que nos recuerde a una pareja del pasado o simplemente que lleve una colonia que nos atraiga puede ser lo que marque la diferencia, y no el arco de Cupido.
  • Lo importante es airear tus sentimientos. Forma parte de la sabiduría popular sobre las relaciones de pareja que lo más importante para la estabilidad de la misma es que ambos miembros expresen en voz alta sus sentimientos y de esa manera se sepa lo que cada uno de los dos espera del otro. Sin embargo, una reciente investigación realizada por el americano Center on Everyday Lives of Families (CELF) señalaba que las parejas que menos se dirigen la palabra eran las que manifestaban una mayor felicidad. No siempre hay que decir todo en voz alta.
  • Las personas enamoradas no discuten. Los enfrentamientos dentro de la pareja sufren una mala fama que no merecen, ya que pueden ser mucho más útiles para nuestras relaciones de lo que pensamos. Sospechamos que si discutimos es porque no nos queremos o porque nuestra relación se está deteriorándose, pero en realidad, es una buena manera de establecer límites y evitar que ocurran acontecimientos semejantes en el futuro. Siempre y cuando se guarden las formas y no se rompan ciertos límites, una discusión a tiempo puede librarnos de muchas frustraciones.
  • El amor no se puede elegir. Sue Johnson, autora de Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love (Little, Brown and Company) recuerda que, al contrario que lo que se piensa en la sociedad contemporánea, tenemos mucho más control sobre nuestros sentimientos amorosos que lo que pensamos. No somos barcos mecidos por la marea de nuestro corazón, sino que podemos influir en nuestros sentimientos y la salud de la relación actualizándolo cada día, a través de nuestro propio comportamiento individual. La única manera de reforzar los lazos amorosos es ser capaces de responder consecuentemente a las necesidades de nuestra pareja.
  • El sexo casual no implica ningún sentimiento. Uno de los tópicos más dañinos, en cuanto que conduce a esa peligrosa situación que es alternar con alguien que sabemos no nos conviene pero del que finalmente nos enamoramos. Hay quien ha afirmado, como la experta investigadora Helen Fisher, que “el sexo casual no existe”, ya que siempre se movilizan diversos sentimientos en cualquier acto sexual, por pequeños que puedan ser. La psicóloga explicaba que la mera estimulación genital activa la dopamina del cerebro, y el orgasmo hace lo propio con la oxitocina, lo que puede conducir a enamorarnos de esa persona. Aunque nos guste pensar que podemos controlar nuestros sentimientos, nuestro cuerpo piensa de manera muy diferente.
  • El verdadero amor no cambia con el tiempo. Absolutamente falso. Como diversos estudios han puesto de manifiesto, es imposible para el cuerpo (y la mente) humanas mantenerse tan enamorado como el primer día pasado cierto tiempo. Las relaciones evolucionan y si bien la pasión inicial puede no ser la misma, aparecen otras virtudes como la confianza, el respeto o la comprensión mutua, más relacionadas con la estabilidad vital y menos con los sentimientos al límite, que no quieren decir que la relación esté acabada, sino que ha entrado en una nueva fase.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/autores/hector-g-barnes

10 cosas que dan la felicidad, explicadas por quienes las conocen por experiencia

EL DECATLÓN DE LA PROSPERIDAD

10 cosas que dan la felicidad, explicadas por quienes las conocen por experiencia

10 cosas que dan la felicidad, explicadas por quienes las conocen por experiencia

El llamado Grant Study, que recibe su nombre de su impulsor, William T. Grant, es uno de los grandes experimentos sociológicos del pasado siglo. Se trata de un ambicioso proyecto que se desarrolló a lo largo de siete décadas y que ha constituido una de las referencias más importantes en lo que a las investigaciones sobre felicidad personal se refiere. Todo comenzó a finales de los años treinta, cuando se seleccionaron dos grupos de estudio. Uno estaba formado por 237 estudiantes de Harvard perfectamente sanos, y el otro, por 332 ciudadanos nacidos en las barriadas de Boston que no tenían antecedentes penales. Los investigadores siguieron los pasos de ambos grupos durante los siguientes sesenta años, y analizaron todas las variables que estaban al alcance de su mano, de las mentales como el coeficiente intelectual a las físicas como la longitud de su escroto. Sus conclusiones dieron lugar a dos de los libros más importantes de la sociología americana:Adaptation to Life (1977) y Aging Well (2002).

George Valliant, que comenzó a tomar las riendas del estudio en el año 1966, acaba de publicar un nuevo volumen con las conclusiones que ha obtenido de su larga experiencia investigadora. Triumphs of Experience (Belknap Press), que así se llama el libro, recoge una serie de indicadores de felicidad que presentaban aquellos que habían investigado. Para empezar, Valliant aseguraba que “las personas que no aprenden a amar pagan un alto precio”, algo que determinaba la felicidad a todas las edades. Hay un factor en la vida infantil que determina en un alto grado lo que ocurrirá durante la edad adulta: la relación con el padre en particular y el ambiente de cariño en el que se hayan criado los niños en general.

Enfoque amoroso de la felicidad

Valliant, que ya goza de una avanzada edad (tiene casi 80 años), cree que los datos son complejos pero la fórmula es sencilla: la felicidad es el amor, ni más ni menos. Como él mismo ha afirmado en alguna ocasión, “los setenta y cinco años y veinte millones de dólares gastados en el Grant Project apuntan a una única conclusión que se puede reducir a cinco palabras: “la felicidad es el amor. Punto”. Y para que este aparezca, son necesarias una serie de condiciones que se han de cumplir. Valliant señala al alcoholismo como la principal causa de divorcio entre las parejas investigadas, y al mismo tiempo, uno de los factores de infelicidad más importantes, ya que conduce a la neurosis y la depresión.

Lo importante, indica Valliant, es la calidez de las relaciones personales que mantenemos, y que es el mejor garante de nuestra felicidad y salud. Pero no únicamente: también aquellas personas que aparecían en el estudio y que reportaban unas relaciones más satisfactorias solían ganar bastantes más dinero que las que no lo hacían. De las 31 personas que habían manifestado en algún momento su incapacidad para mantener relaciones personales felices, sólo cuatro seguían vivos cuando se publicó el libro.

El amor también se refleja en la vida sexual de las parejas. Curiosamente, Valliant encontró que aquellas personas más inclinadas hacia la izquierda solían tener relaciones sexuales hasta una edad más avanzada. Las parejas más conservadoras dejaban de tener relaciones a los 68, mientras que las más liberales prolongaban esta actividad hasta los 80. En lo referente a la filiación política, Valliant también añade que las personas más prácticas y pragmáticas solían ser más conservadoras, mientras que las más sensibles e intuitivas eran más liberales.

El desarrollo continuo de la persona

Una de las ideas que circulan a lo largo de toda la obra de Valliant es que los seres humanos están obligados a llevar un proceso de perfeccionamiento continuo. En muchos casos, se percibe cómo algunos de los protagonistas del libro evolucionan y aprender de circunstancias complicadas, algo esencial para el bienestar de la persona. La vida es un espejo, señala Valliant, en el que los jóvenes sueñan con su futuro y los ancianos piensan en lo que hicieron en un pasado. Para las personas de menor edad, lo esencial es ser capaz de alcanzar aquellas expectativas que ellos mismos se habían creado en un pasado. Sin embargo, para una persona mayor lo importante es poder echar la vista atrás y darse cuenta de lo que ha hecho bien.

Lo importante para ser feliz es tener buenas relaciones y mantenerse activoPara Valliant, el crecimiento de la persona continúa mucho después del final de la adolescencia, Y aquellas personas que no son capaces de entender este punto son las que peor terminan. Según el autor, estamos condicionados por la naturaleza y por nuestro entorno, pero se encuentra en nuestra mano ser capaces de salir adelante. Valliant, a pesar de sus orígenes en el mundo del psicoanálisis, no cree que los condicionantes biológicos y sociales en los que nacemos sean suficientes como para determinar una vida, sino que la evolución de cada biografía es difícil de anticipar. Con el paso de las décadas, los investigadores descubrieron que la constitución física y la salud mental tenían mucha menos relevancia de la que pensaban durante los años cuarenta.

El decatlón de la prosperidad

Al final del libro, Valliant define lo que él llama “el decatlón de la prosperidad”, una lista de diez puntos que permitían descubrir, una vez uno había llegado a su edad madura, si se había vivido una vida satisfactoria. Estos eran los diez puntos que solían compartir aquellos que habían participado en la investigación, habían llegado vivos para contarlo y contaban entre 60 y 80 años:

  • Ser incluido en Who’s Who in America. A muchos le soñará a chino, pero Who’s Who’s in America es una guía publicada por Marquis en la que se recogen, por categorías, a las personas más importantes del país.
  • Se situaban en el 25% de participantes que ganaban más dinero.
  • Baja angustia emocional.
  • Éxito y disfrute en el trabajo, el amor y el juego desde los 65 años.
  • Físicamente activos a los 75 años.
  • Salud mental y física objetiva y subjetivamente buenas a los 80 años.
  • Manejo de la generatividad según la escala de Erickson. Según Erik Erickson, la etapa de la generatividad es aquella relacionada con la crianza y educación de las siguientes generaciones. Si no ocurre, el ser humano se estanca y puede sufrir una regresión.
  • Disponibilidad de apoyo social aparte de la esposa y los hijos entre las edades de 60 y 75.
  • Matrimonio feliz entre los 60 y los 85.
  • Cercanía con los hijos entre los 60 y los 85.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/autores/hector-g-barnes

“Te tengo calado”: seis pistas para adivinar cómo son los demás

“Te tengo calado”: seis pistas para adivinar cómo son los demás

Patrick Jane, el protagonista de la serie de televisión El Mentalista, trabaja como psíquico, engañando a sus ingenuos clientes gracias a su gran poder de observación, que nada tiene de sobrenatural. La intuición, al fin y al cabo, no tiene nada de mágico, es una facultad que todos tenemos para comprender cómo se van a desarrollar los acontecimientos sin necesidad de razonar las distintas variables en exceso. Basta ser observador, y saber interpretar la forma de ser de una persona, para saber, aproximadamente, cómo se va a comportar en una u otra situación.

La psicología nos ha enseñado en múltiples ocasiones que el futuro surge del pasado, y ambos tienden a construirse a partir de aspectos observables de nuestro carácter y comportamiento. Cuando una persona que conocemos bien hace algo que no nos sorprende en absoluto solemos decir que la “tenemos calada”. Al fin y al cabo sabemos cómo es y, por tanto, cómo va a reaccionar ante distintas situaciones. Conocer bien a las personas con las que convives diariamente es relativamente sencillo y tarde o temprano acabas sabiendo cómo van a comportarse. Más difícil, sin embargo, es saber cómo va a reaccionar una persona en la que no te has fijado tanto. Esta es, precisamente, la principal habilidad del mentalista: a Jane le basta con ojear rápidamente a las personas para conocerlas. No deja de ser un personaje de ficción, y una correcta observación no puede hacerse tan rápido, pero cualquier persona puede entrenar su intuición.

Si entrenamos nuestra intuición podremos saber cómo reaccionará una persona en cada situación

Para entrever cómo una persona se va a comportar en el futuro hay que saber leer seis elementos del comportamiento que se desarrollan muy pronto y apenas cambian en toda la vida. Según cómo sea el comportamiento de cada persona en estos aspectos, algo que se puede saber interactuando con ella brevemente, podremos conocer con bastante acierto cómo reaccionará en cada situación concreta. Según la psicóloga Susan Engel, que aborda la cuestión en su último libro, Red Flags or Red Herrings? Predicting Who Your Child Will Become (Atria Books), estos son los seis aspectos en que debemos fijarnos.

1. Inteligencia

De todos los atributos que configuran a una persona la inteligencia es, quizás, el que más va a determinar su comportamiento. Se trata de la cualidad más estable en el tiempo ya que, aunque el ambiente puede estimularla, depende principalmente de nuestra herencia genética. Es el rasgo que, desde niños, más importancia tiene en el éxito que tendremos en la vida. No es sencillo definir la inteligencia, y hay cientos de teorías al respecto, pero, en resumidas cuentas, se trata de la habilidad y velocidad de cada uno para procesar la información.

Para entrever si una persona es más o menos inteligente, basta con prestar atención a cómo piensa, escuchando como desarrolla sus argumentos. Las personas más inteligentes son aquellas que saben diferenciar lo que sienten sobre algo y lo que piensan de ello. No confunden el sentimiento con la razón. Muchos psicólogos consideran, además, que la capacidad para generar humor es una de los signos más robustos de la inteligencia.

2. Determinación

Algunos lo llaman pasión, otros esfuerzo o perseverancia, pero en el fondo, se trata de la habilidad de cada uno para conseguir lo que quiere. La determinación va siempre de la mano de gente optimista, que tiene claros sus objetivos y está decida a conseguirlo. Se trata de personas que, además, son bastante independientes o, al menos, tiene capacidad para actuar sin que les importe en demasía la opinión de la gente que les rodea. En definitiva, tienen fe en su capacidad para hacer las cosas, aunque no sean necesariamente inteligentes.

Para reconocer a la gente perseverante basta escuchar cómo hablan de los problemas que se encuentran en su día a día, y cómo reaccionan ante las dificultades. Las personas perseverantes suelen ser muy testarudas, algo pesadas en ocasiones, y no descansan hasta que consiguen lo que quieren. Pese a esto, son críticos consigo mismos, aunque no lo expresen siempre en público.

3. Felicidad

Se ha escrito tanto, y desde hace tanto, sobre qué es la felicidad que hay una gran confusión sobre ella. Aunque sigue habiendo grandes discusiones sobre el tema, la mayor parte de psicólogos y filósofos contemporáneos creen que la felicidad no tiene nada que ver con el hedonismo, sino que deriva de la capacidad de cada uno para sentirse útil y dar sentido a su vida, independientemente del bienestar material que se alcance. Lo que es seguro, tal como ha demostrado la neurociencia, es que la felicidad no aparece, al menos no en su grado máximo, si no tenemos desafíos y riesgos. En definitiva, cosas por las que pelear.

Quizás la felicidad es uno de los atributos más difíciles de identificar, pero suele ir de la mano de personas muy realistas sobre sus propias debilidades, pero que tienen muy claros sus valores e ideales. En definitiva, las personas felices son personas integras, que tienen una rápida capacidad de recuperación ante los reveses de la vida.

4. Bondad

La bondad es un atributo que se mide a partir de diversas cualidades de las personas. Una es la moralidad, algo que tiene mucho que ver con la educación que se ha recibido. Otra es la empatía, una cualidad que aparece pronto en la vida y que suele mantenerse hasta el final de esta. Y una tercera es la voluntad de ayudar a otros, que no siempre está relacionada con la capacidad para saber qué están sintiendo. Las acciones benevolentes suelen surgir de una mezcla de todas estas cualidades: no basta con tener moral, debemos actuar siendo consecuentes con ella; y no basta con tener empatía, debemos, además, tener la habilidad de pensar cuál es la perspectiva de otras personas (que no es lo mismo que sentir lo que ellas sienten).

Las personas bondadosas no son fáciles de detectar, pues es una cualidad que a todos les gusta aparentar, pero que pocos poseen. Saber lo que una persona piensa sobre distintos dilemas morales puede darnos una pista de su grado de bondad, pero lo más importante es que veamos cómo reacciona ante las circunstancias difíciles. Todo el mundo puede parecer buena persona, hasta que surge un problema y deja ver su verdadera naturaleza.

5. Simpatía

La simpatía es la inclinación afectiva que tenemos hacia otras personas, por ello son las personas simpáticas las que más amigos tienen. Pero la simpatía, además, es una cualidad que distingue a las personas que tratan a sus congéneres de forma igualitaria y recíproca. Las cualidades que más valoramos en otras personas son su amabilidad y su asertividad, dos aspectos que siempre están relacionados con la simpatía. Por el contrario, la gente antipática, que suele reconocerse por el reducido número de amigos que tiene, es desagradable, incapaz de relacionarse con los demás y egocéntrica. Esto no quiere decir que todas las personas agradables que conozcamos deban ser a la fuerza simpáticas. La verdadera simpatía se muestra con el tiempo, y solo se reconoce en las amistades duraderas.

Las personas verdaderamente simpáticas son siempre sociables y abiertas, y muy atentas. El problema que surge al identificar esta cualidad es que muchas personas, que no son realmente simpáticas, fuerzan su amabilidad, y buscan tu amistad, con el objeto de lograr algo a cambio. Para destapar a estos impostores basta ver si nuestra relación con ellos está basada en la desigualdad. Si piden mucho y no dan nada a cambio es que su simpatía brilla por su ausencia.

6. Intimidad

La intimidad es la raíz de nuestra seguridad y la fuente más profunda de comodidad.Una persona que sabe ofrecernos su intimidad es de fiar, pues se muestra vulnerable ante aquellos en quien confía, la señal más clara de compromiso.La intimidad está directamente relacionada con las relaciones humanas y viene fuertemente determinada por estas, en concreto, por los primeros lazos que establecemos en nuestra vida, que no son otros que los que nos brindan nuestras familias. El apego emocional que nos trasmiten nuestros padres desde que nacemos establece no sólo nuestra habilidad para abrirnos a los demás, sino también la seguridad con la que vamos a establecer nuestras relaciones posteriores.

¿Cómo podemos saber si una persona está dispuesta a ofrecernos su intimidad? (algo muy útil en el comienzo de una relación amorosa). Basta con preguntarle qué es lo que ama, sobre todo en lo referente a su infancia. Si responde con ira, nostalgia o arrepentimiento, es que es más cerrada de lo que, quizás, creías.

Fuente: Miguel Ayuso, El Confidencial.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/02/02/ldquote-tengo-caladordquo-seis-pistas-para-adivinar-como-son-los-demas-113133/

Vampiros Emocionales

“Vampiros Emocionales (Cómo detectarlos, evitarlos, neutralizarlos, para NO convertirnos en uno de ellos)”

de Ginette Piñero, el jueves, 7 de junio de 2012

Amenaza invisible!!!

 

El primero es el vampiro invisible. Y es que muchas veces, el comportamiento de estas personas no es abiertamente tóxico, por decirlo de esta forma. Por lo tanto, es difícil reconocerlas y ‘neutralizarlas’. Después de todo, son pocos los que no captan cuando alguien se comporta de una manera grosera o desagradable con ellos, o cuando trata de ofenderlos de acción o de palabra. Pero dicen que no hay peor contrincante que un enemigo invisible, y es verdad.

Muchos vampiros emocionales operan ‘por debajo del radar’. En otras palabras: su comportamiento tóxico no es evidente; este se oculta detrás de una actitud o unas palabras inocentes. Esto se debe a que ellos envían ‘mensajes dobles’, que es el arte de decir una cosa aparentemente inocua, e insinuar otra muy diferente.

Por ejemplo: ‘Qué bien te queda ese vestido’, dice tu ‘mejor amiga’… antes de agregar: ‘Incluso te hace cintura’. ‘Qué bien te ves… para tu edad’. Este tipo de comentario también se conoce como ‘el dulce envenenado’, porque, detrás del elogio, siempre hay una crítica implícita.

El vampiro solapado también suele recurrir al humor como una forma de atacarte sin dar la cara ni sufrir las consecuencias. La regla que funciona aquí es la siguiente: si él o ella bromean con que tienes sobrepeso o no encuentras pareja… no debes ofenderte, porque se trata de una broma.

Cuando Susana, un ama de casa de 32 años, le pidió a su suegro que no le hiciera más chistes sobre su peso, él no solo le hizo sentir que ella era una acomplejada sin el mínimo sentido del humor… ‘sino que acabó dándome cátedra sobre la importancia de quererme tal como soy. O sea, que el problema acabé siendo yo’, contó, indignada.

El lenguaje corporal también es una estrategia muy común de los vampiros emocionales. Te dicen ‘Respeto tu decisión’… con una sonrisa cínica en la cara; juran que te aprecian… con los brazos cruzados; te piden que les creas… y desvían la mirada (a veces el gesto es tan sutil, lo que los sicólogos llaman una microexpresión, que no lo captas a nivel consciente; pero sientes que algo simplemente no ‘cuadra’). Ellos te dicen una cosa, pero tú percibes todo lo contrario. Esta discordancia crea una confusión interior que, a la larga, te drena.

Vale aclarar que, muchas veces, el vampiro emocional no opera a nivel consciente; no sabe el efecto que tiene en los demás. Simplemente, es su forma de ser. Como también ocurre con el segundo ejemplar.

Vampiro a la vista… (volver)

La segunda clase de vampiro emocional es más fácil de detectar, pero no menos difícil de sobrellevar. Estos son algunos de los ejemplares más comunes, de acuerdo con las teorías de las expertas en relaciones interpersonales Cheryl Richardson, autora de Take Time for Your Life (Toma tiempo para tu vida) y la doctora Lillian Glass, autora de Toxic People (Gente tóxica).

Los quejosos. Se pasan la vida lamentándose de lo mismo – y ‘lo mismo’ puede ser la pareja, el empleo, los hijos, la economía, pero nada hacen para cambiar la situación. En realidad, esta persona solo quiere quejarse, pues esto le produce un alivio momentáneo. ¿Tú? Después de una sesión maratónica de quejas, en la que al final nada se resuelve, acabas drenada.

Los criticones. Ponen objeción a todo lo que dices y haces; para ellos, tú nunca das la talla. Por supuesto, insisten en que las críticas son ‘por tu bien’. Pero la realidad es que te dejan por el piso. Por regla general, estas personas le encuentran un defecto a todo: la película, la cena, el servicio en el restaurante… Son irritantes y ¡agotadoras!

Los negativos. Ven el mundo a través de lentes oscuros. Y a ti te toca la ardua tarea de elevarles el ánimo, lo cual es como subir una piedra montaña arriba. ‘Tengo que buscar trabajo’, dice ella. ‘Ahora hay muchas oportunidades en tu campo’, le dices tú. ‘Sí, pero a mi edad…’, apunta ella. ‘La experiencia vale de mucho’, señalas. ‘Ay, pero las empresas prefieren personas jóvenes…’. Llega el momento en que tú, que tratabas de animarla, acabas más deprimida que ella, y temiendo por tu futuro laboral.

Los belicosos. Cualquier incidente, por mínimo que sea, provoca en ellos una reacción agresiva. Sientes que debes vigilar lo que dices o haces, para no encender la pólvora, porque cuando estallan, ¡arde Troya! Esto apaga tu espíritu.

Los débiles e indefensos. Constantemente necesitan que hables por ellos, los defiendas, los apoyes, los protejas… porque ellos, pobrecitos, no saben valerse por sí mismos. Pero, sin duda, llevar todo ese peso sobre tus espaldas te quita hasta la última gota de energía. ¿Ellos? Tranquilos y felices, porque no tienen que hacerse responsables por sí mismos.

En este grupo hay que incluir a los ‘poca cosa’ que practican la agresión pasiva; esos que, después de un desacuerdo, te juran que no te guardan rencor… pero luego se olvidan, por ejemplo, de pasar por ti a la hora acordada. Es su forma indirecta de castigarte.

Los sarcásticos. Sus comentarios – crueles, burlones, en fin: sarcásticos – pueden resultar chistosos, pero cuando ese humor negro siempre va dirigido a ti, acaba por minar tu espíritu. Después de una sesión de ironías y comentarios ácidos, te sientes dolida e insultada. Su humor hiriente es tóxico para el alma, porque siempre golpea donde más duele.

Los catastróficos. Siempre están hablando de huracanes, enfermedades, muertes, desgracias y colapsos económicos. Para ellos, la vida es un peligro inminente, y si algo va a ocurrir, seguramente será muy malo. Cinco minutos con ellos acaban con tus nervios.

Un peligro real

Daniel Goleman, autor del best seller internacional La inteligencia emocional, nos asegura que el efecto que nos causan estas personas va más allá de una molestia momentánea. De acuerdo con su último libro, Social Intelligence (Inteligencia social), nuestros intercambios diarios con la pareja, los hijos, el jefe y aun con extraños, moldean la estructura física de nuestro cerebro a nivel celular; esto, a su vez, afecta todas las células del cuerpo, efectuando cambios incluso a nivel genético. En otras palabras: nuestra reacción ante los demás tiene un impacto biológico en nuestro organismo, ya que durante un contacto social segregamos hormonas que afectan desde nuestro corazón hasta nuestro sistema inmunológico. Según Goleman, las buenas relaciones son como una vitamina; las malas, como un veneno. Y no solo eso: las emociones ajenas son contagiosas, lo mismo que un catarro.

¿Entiendes ahora por qué es tan importante neutralizar a los vampiros emocionales?

Los Pasos Claves

1 Reconocerlos. Determina en qué categoría cae esa persona que te deja drenada anímicamente. De esta manera nunca te toma desprevenida, pues ya sabes cómo opera.

2 Mantener el balance interior. Para evitar el contagio, muchas veces entender por qué esa persona tiene ese efecto sobre ti, te ayuda a protegerte de su influencia negativa. Cuando sabes que es ella, y no tú, la que tiene un problema (porque es negativa, belicosa, catastrófica, etc.), puedes mantener una distancia emocional que te permite observar su comportamiento ‘desde afuera’, sin que te afecte.

3 Alejarte. Si esta persona no es esencial en tu vida, puedes diluir la relación. Muchas veces la costumbre nos ‘ata’ a amistades tóxicas.

4 Sanar la relación. Si la relación es importante para ti, Cheryl Richardson aconseja que le dejes saber a esa persona de qué manera te está afectando. No se trata de enfrentarla, herirla ni atacarla. En el momento oportuno, cuando ambas estén en buenos términos, debes llamarla aparte y dejarle saber que, justamente porque la quieres y valoras la relación, tienes algo que decirle. ‘Cuando haces/dices tal cosa, yo me siento tensa/triste/ansiosa/ofendida. Te pido que no lo hagas más’. Esto puede iniciar un diálogo muy sano para las dos.

La compleja ecuación para encontrar la plena felicidad

¿DE VERDAD PODEMOS LOGRAR EL EQUILIBRIO?

El Confidencial

“Cuando consiga el trabajo de mis sueños, seré feliz”. Sustituyan “el trabajo de mis sueños” por lo que cada uno considere más importante –una pareja ideal, una lujosa casa de vacaciones o un nutrido círculo de amigos– y tendremos la fórmula del éxito que gran parte de nosotros perseguimos, enfocada sobre un único objetivo cuya consecución, en teoría, nos permitirá ser felices. Pero en realidad nos equivocamos. Las recientes investigaciones sobre la felicidad, que han empezado a abundar durante la última década, demuestran que los factores que determinan nuestra satisfacción son muchos y muy variados, y que todos ellos deben encontrarse en consonancia.

El filósofo alemán Bertrand Russell distinguió en su libro La conquista de la felicidad dos categorías diferentes y muy taxativas: aquello que nos hace felices y aquello que nos hace infelices. Se trata de una perspectiva muy criticada por su simplicidad. Nuestra felicidad no es una suma y resta donde lo malo contrarresta lo bueno, sino más bien, una compleja ecuación que debe encontrar un equilibro perfecto. Ser feliz no tiene nada que ver con haber superado todos los obstáculos, no tener ninguna preocupación ni con no sentirse nunca triste: se trata más bien de un sentimiento prolongado de satisfacción con la vida y con las capacidades de uno mismo.

El 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicosLa felicidad no es tanto un punto de llegada como una concepción de partida, coinciden la mayor parte de estas investigaciones. El presidente estadounidense Abraham Lincolndijo en una ocasión que “la gente suele ser tan feliz como ha decidido serlo”. Una cita muy recurrente al hablar de la felicidad, en cuanto comparte la idea de que somos en un alto grado los amos de nuestra satisfacción personal.

Lo que podemos hacer

Aunque aún se encuentra en proceso de desarrollo, la teoría del punto de partida de la felicidad dice que el 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicos. Aunque pueda parecer un porcentaje alto, implica también que la mitad restante está condicionada por otro tipo de factores: en concreto, un 10% por las circunstancias externas y el  40% restante por las decisiones tomadas por cada persona. Es decir, cada uno de nosotros puede influir en su grado de felicidad simplemente comportándose de una forma distinta con su entorno y llevando a cabo acciones positivas.

El llamado “zar de la felicidad” Lord Richard Layard, profesor de Economía de la London School of Economics y miembro de la Cámara de los Lores, afirmaba en su ensayo Happiness. Lessons from a new science (Penguin Press) que “una cosa es clara: cuando los ingresos mínimos para subsistir están garantizados, es más complicado que la gente se sienta feliz. El ideal de autorrealización ha fracasado en muchos casos, ya que hizo que cada individuo se sintiese más ansioso respecto a las metas que tenía que alcanzar.Si de verdad queremos ser felices, tenemos que aspirar a un bien común al que todos contribuyamos”. A continuación presentamos los diez puntos que contribuyen a ese sentimiento de plenitud.

–Cuidar de familia y amigos. Según un estudio realizado en la Universidad de Warwick, tener un círculo de fieles amigos que nos apoyen es mucho más importante para nuestra felicidad que cobrar una gran cantidad de dinero. El profesor Andrew Oswald, experto en economía que llevó a cabo dicha investigación, descubrió que la cantidad de dinero que podía cubrir la ausencia absoluta de amigos eran unas cincuenta mil libras, es decir, más de unos sesenta mil euros.

–Hacer algo con lo que te sientas bien. Una persona sin aficiones ni motivaciones es un cadáver andante. Si no somos capaces de encontrar alguna actividad en la que seamos buenos y con la que nos sintamos identificados, aunque sea trabajar, es imposible que seamos felices. Vivir con el piloto automático puesto, esperando que nuestra vida mejore de forma espontánea, nos llevará a pasarnos la vida esperando por ese momento que no llega.

–Tener una creencia. Mantener un objetivo en nuestra vida que nos trascienda es una forma de inscribirnos personalmente en un relato que dé sentido a nuestra existencia y nos proporcione un objetivo final con el que nos sintamos completos. No tiene por qué tratarse de algo propiamente religioso, aunque pueda parecerlo, sino simplemente puede ser una filosofía de vida, a alguna forma de espiritualidad o a adquirir un compromiso social.

–Conectar con nuestro entorno. En muchas ocasiones nos limitamos a considerar a nuestra pareja, hijos y amigos más cercanos como “los nuestros”, ignorando casi por completo los que nos que escapan a dicho círculo. Sin embargo, como seres sociales que somos, necesitamos relacionarnos con un amplio número de gente en nuestra vida diaria, de la que podemos aprender muchas cosas y a la que podemos corresponder prestándole nuestra ayuda.Sentir nuestra influencia en los demás es una de las mejores recompensas de preocuparnos por los que nos rodean.

–Actuar según tus valores. ¿Qué nos diferencia de los demás, qué convierte a cada uno de nosotros en algo único e insustituible? Todas nuestras vidas se parecen, a grandes rasgos, más de lo que sospecharíamos. Nos gusta tener una seguridad material (dormir bajo techo y alimentarnos), necesitamos ser el objeto del afecto de los demás, y sentirnos útiles en nuestro lugar de trabajo. Pero también necesitamos mantener unos principios que guíen nuestra conducta y a los que nos podamos sentir fieles. Vivir según nuestras propias reglas es vital para sentirnos realizados.

Mantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastados

–Mantener expectativas positivas. Si nos levantamos cada día pensando que algo malo nos va a ocurrir, mejor no salir de casa. Pensar únicamente en las posibilidades negativas, y no en las positivas, es el camino más corto hacia la infelicidad perpetua. Aunque ser optimista no tiene por qué conllevar necesariamente que nos vaya a salir todo bien, como desde luego no conseguiremos cumplir nuestros sueños es pensando de partida que son inalcanzables.

–Seguir en constante movimiento. En ocasiones, un hecho desgraciado nos lleva a plantarnos en la vida, a dejarnos llevar por la corriente. En otros momentos, nos sentimos tan satisfechos con nuestra forma de vida actual que pensamos que ya lo hemos conseguido todo, por lo dejamos de buscar nuevos estímulos que nos empujen hacia adelante.Es la peor decisión, ya que uno de los requerimientos para ser feliz es plantearnos novedades continuas –aunque estas no sean especialmente significativas– en nuestras vidas.

–Aprender cosas nuevas. Muy relacionada con la anterior. Mantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastados, sino que nos encontramos inmersos en un proceso inacabable de perfeccionamiento personal.

–Tener grandes sueños. Plantearnos la mera supervivencia como nuestra meta final no es la forma más adecuada de ser felices. Carecer de motivaciones y centrarnos únicamente en poder seguir vivos un día más conduce a la frustración en cuanto que nos convierte en marionetas en manos de la familia, los jefes y los amigos. Si no albergamos un gran sueño en nuestros corazones que recordar regularmente, seremos como los animales que sólo buscan satisfacer sus instintos.

–Actuar. Plantearnos altas metas, soñar despiertos y, en definitiva, dedicar toda nuestra vida a planear nuestros proyectos futuros sin llegar nunca a comenzar a trabajar para ello es construir castillos en el aire. No se trata de intentar conseguir tu objetivo en un plazo corto, sino empezar a hacer cosas, por triviales que puedan parecer, teniendo en cuenta que las montañas se construyen grano a grano de arena.

Estrategias de Pensamiento Positivo

“Estrategias de Pensamiento Positivo”

de Ginette Piñero, el Martes, 22 de mayo de 2012 a la(s) 19:29 ·
Para adquirir el hábito de pensar de forma más positiva, podemos seguir los siguientes pasos:

1 – Tomar el hábito de anotar aquellas situaciones de la vida cotidiana que nos hacen sentir mal, formulándonos las siguientes preguntas: a) ¿Cuál es la situación concreta que me ha hecho sentir mal?, b) ¿Cómo me he sentido/ me siento?.

Ejemplo: Ayer fue mi cumpleaños y mi hermana no me felicitó. Me he sentido triste, con ganas de llorar.

2 – Plantearnos: ¿Qué conclusiones he sacado de esta situación?, ¿qué he pensado cuando me ha ocurrido esto, qué imágenes, recuerdos, etc. se han cruzado por mi cabeza?. Si no puedo responder a esto, también puedo preguntarme: ¿Qué intuyo que puedo haber pensado de esto que me haya hecho sentir mal, aunque no esté del todo segura/o? o si le hubiera ocurrido lo mismo a otra persona, ¿qué podría haber pensado él/ella? Al principio puede no ser fácil responder a esto, pero es una cuestión de práctica. A medida que nos vayamos esforzando por contestar a esas preguntas, las respuestas irán saliendo cada vez de forma más fluida.

Siguiendo el ejemplo anterior, podría ser: Pienso que mi hermana no me quiere y que nadie me tiene en cuenta.

3 – Preguntarnos: ¿Qué mecanismos mentales o formas de pensamiento distorsionado he aplicado?, ¿de qué forma he deformado, exagerado o minimizado la realidad para llegar a dichas conclusiones?, ¿qué evidencias -hechos objetivos- tengo de que las cosas son tal como yo las interpreto y no de otra forma?, ¿Qué no he tenido en cuenta?

Siguiendo con el ejemplo podría anotar que he aplicado el pensamiento del tipo todo o nada (si mi hermana no me felicita por mi cumpleaños es que no me quiere); he exagerado mis conclusiones sobregeneralizando (si mi hermana no me quiere, nadie me quiere) olvidando, tal vez, las muestras de cariño de otras personas; he recurrido al victimismo (nadie me tiene en cuenta) culpando a los demás de mis sentimientos de soledad en lugar de ver qué papel juego yo en todo esto (tal vez, salgo poco, me muestro demasiado retraída/o o susceptible, etc.)

4 – Preguntarnos: ¿De qué otra forma más positiva podría enfocar la situación?, ¿podría hacer algo, por pequeño o insignificante que sea, para mejorar la situación o que me hiciera sentir mejor?, ¿qué le aconsejaría a una amiga/o mía en una situación similar?.

Por ejemplo, podría llamar a mi hermana y decirle que me siento dolida/o por lo ocurrido y que me gustaría que estuviéramos más cercana/os. O tal vez se trate simplemente de darme cuenta de que es un poco olvidadiza y decidir que la cosa no tiene mayor trascendencia y que no vale la pena que me amargue el día por ello, y focalizar mi atención en las otras personas que sí se han acordado de mí y me quieren. O si me siento sola/o, considerar la posibilidad de acercarme yo también más a la gente, de abrirme más a los demás, de buscar maneras para hacer nuevos amigos, etc. En cualquier caso, eso son sólo ejemplos orientativos: cada uno debe hallar, en su propio estilo, aquellas respuestas o alternativas que mejor le funcionen, que le resulten más creíbles y que mejor calcen con sus necesidades, abriendo eso sí la mente al mayor número de opciones posible.

5 – Ante situaciones difíciles, evitar preguntas victimistas o debilitantes del estilo de: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? o ¿qué voy a hacer ahora? o afirmaciones del tipo esto es insoportable. En su lugar, plantearnos preguntas que nos den sentimientos de fuerza y esperanza, o que nos indiquen alguna opción alternativa: ¿Qué puedo hacer para resolver esto?, ¿qué opciones tengo que todavía no he probado?, ¿qué datos de la realidad podrían contradecir mis conclusiones más pesimistas?, ¿qué tiene de bueno esta situación?, ¿qué podría aprender de ella?, etc.