La verdad sobre Cataluña

Hoy inicio una serie de comentarios, reflexiones y vídeos sobre Cataluña que pretenden desde este modesto rincón dejar constancia de una realidad humana, histórica y política que ha estado sometida, silenciada y vilipendiada desde hace 40 años por un colectivo de farsantes, ladrones y totalitarios por medio de mentiras tan gigantescas como infantiles, ignorancia de la “LEY” y coacciones brutales consentidas con complicidad imperdonable por el Estado español y adornadas por los meapilas cobardes y acomodaticios de siempre. No soporto más tragar mi rabia con mi silencio impotente y grito por tanto mi deseo de que vientos nuevos de libertad, respeto a la ley y convivencia limpian del totalitarismo rampante esa maravillosa tierra catalana y, por ende, española.

Para empezar nada mejor que encabezar mi exposición con un esclarecedor vídeo que nace como réplica al repugnante e inmoral vídeo de los iluminados “golpistas” de la horda “supremacista” y secesionista. Que lo disfruten.

Junqueras, líder sentimentaloide de los separatistas, noqueado por un contundente y brillante Borrell. Memorable!

¿Y qué decir sobre el lider-muñeco que ha encabezado la “revolución”? Me quedo con este análisis.

En la fachada de una ferretería del madrileño Callejón del Gato, elogiado por Valle-Inclán en Luces de bohemia, se exhibían en los años 20 del siglo pasado, dos espejos, uno cóncavo y otro convexo. A los madrileños les encantaba contemplarse deformados en aquellos espejos. Valle-Inclán el gran escritor, que crece cada año, pensaba que el sentimiento trágico de la vida en España, tan certeramente estudiado por Unamuno, respondía a una estética deformada. El diccionario normativo de la Real Academia Española define esperpento como “persona, cosa o situaciones grotescas o estrafalarias”. Valle-Inclán sabía que el teatro consiste en colocar un espejo delante de la sociedad. Tuvo la genialidad en 1920 de que ese espejo fuera cóncavo o convexo y caricaturizara la realidad. El inolvidado Umbral, que tan sagazmente estudió al autor de Divinas palabras, subrayó que el esperpento significaba un nuevo género literario de relevante alcance.

Don Ramón María del Valle-Inclán se mostraría hoy extasiado ante la tocata y fuga de Puigdemont. Hubiera encumbrado al expresidente felón como el protagonista perfecto del esperpento, dedicándole Los cuernos de don Friolera. Los héroes ilusos suelen terminar convertidos en enanos o patizambos. El expresidente botarate es el mejor ejemplo valleinclanesco del esperpento, la deformación sistemática de la realidad, la distorsión de los acontecimientos, la caricatura de sí mismo.

La huida de Carlos Puigdemont para contratar en Bruselas al abogado de los etarras, en un intento desesperado de eludir el juicio y la prisión, ha cubierto las redes sociales de divertidos comentarios que reflejan la reacción regocijada de la opinión pública española ante el mequetrefe que ha presidido la noble, la seria, la prestigiosa Cataluña democrática y que ha devastado su imagen y su realidad. Manejado como un mequetrefe por la CUP, el grupo antisistema de ultraizquierda, Puigdemont ha sido el esperpento de la democracia española, un ser grotesco, menor, elegido a dedo por el pobre Arturo Mas. Y sobre todo un cobarde, incapaz de ponerse al frente de lo que había urdido, escondiendo su canguelo como un gallina, sin dar la cara, protagonista de una peripecia digna de que Valle-Inclán le caricaturizara convirtiéndole en representante máximo del esperpento nacional.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

Pasados meses desde el golpe de estado en Cataluña reproduzco esta interesante entrevista a Daniel Gascón publicada en El Confidencial. Creo que recoge un análisis muy certero de lo sucedido en aquellos días e incluso en la gestación larvada del golpe a través de muchos años de permisividad por parte del Estado en el que éste miró para otro lado.

El Confidencial

“El golpe mostró que el Estado se defiende y que además le gusta a muchos catalanes”

El periodista y director de la revista Letras ha escrito un breve y contundente ensayo sobre el ‘procés’ y el independentismo catalán

Foto: Manifestación masiva convocada por Societat Civil Catalana contra la independencia de Cataluña en Barcelona el 29 de octubre de 2017. (EFE)Manifestación masiva convocada por Societat Civil Catalana contra la independencia de Cataluña en Barcelona el 29 de octubre de 2017. (EFE)
El ‘procés’ catalán ha sido el mayor desafío a la democracia española contemporánea. Pero además de ser un fenómeno local, ha formado parte de un movimiento global que pone en duda el orden liberal, abunda en la propaganda y la posverdad y ha convertido la política en un gran “selfie”. Así lo cuenta Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) en ‘El golpe posmoderno’ (Debate), un breve y contundente ensayo sobre el independentismo catalán -Gascón es un gran admirador de George Orwell y Christopher Hitchens, y se nota- en forma de quince lecciones que los demócratas pueden aprender de él.

PREGUNTA. ¿Por qué lo que sucedió en Cataluña en septiembre y octubre de 2017 es un golpe posmoderno, como dice tu libro?

RESPUESTA. Se produjo lo que Hans Kelsen, el gran jurista clásico, define como un golpe de Estado, el salto de una legalidad a otra. Pero no tuvo otros elementos que sí suelen tener los golpes de Estado, como la violencia más o menos explícita. Me parece que también es posmoderno por una ambigüedad que hemos visto en su desarrollo: era al mismo tiempo de verdad y de mentira. Si hubiera funcionado, habría sido imparable. Si no funciona, es negable. Es lo que hemos visto: como el mundo de la posmodernidad, incluso como en el mundo barroco, tiene algo de trampantojo.

'El golpe posmoderno' (Debate)
‘El golpe posmoderno’ (Debate)

P. Pero tú crees que es un golpe.

R. Sí, es un golpe con características particulares como, por ejemplo, el uso de las estructuras del Estado contra el Estado. O que los independentistas no hayan necesitado tomar los medios de comunicación porque ya eran suyos. Ha sido además un golpe a cámara muy lenta. ¿Cómo se cruza una línea roja de manera que no te puedan parar? Cruzándola muy despacio. Y así ha sido.

P. El libro está recorrido por una perplejidad: la prosperidad de España y el relativo buen funcionamiento de sus instituciones, incluso después de la crisis, nos habían hecho pensar que ya no viviríamos algo así.

R. Nos sorprende bastante que gente en un país próspero, con bastantes libertades y autonomía, se meta en esto y haga esta especie de gran defensa democrática, olvidándose de que tiene a la mitad de la población en contra. Pero esa misma prosperidad ha sido determinante para que, no en el desenlace pero sí en el momento en que estamos ahora, no hayan sucedido cosas peores. Ha permitido que la gente se involucrase un poco frívolamente, pero también que la situación no se haya desmadrado.

Daniel Gascón
Daniel Gascón

P. También está la manipulación del lenguaje por parte del nacionalismo catalán, la utilización de términos del antifranquismo como parodia posmoderna: los presos políticos, los exiliados, la represión…

R. Esa ha sido una de las cosas más interesantes y decisivas. El independentismo ha sido muy hábil colocando expresiones que muchas veces hasta los no independentistas usaban, utilizando el lenguaje y las asociaciones con el pasado de España como una mitología. Ha sido un lenguaje de hiperinflación que ha usado superlativos todo el rato: presos políticos, genocidios culturales… La conversación de internet lo ha fomentado: como ahora estamos en la economía de la atención, tienes que gritar mucho para que te oigan. Y no han sido los independentistas los únicos que han exagerado, aunque lo han hecho de manera constante. Por ejemplo, con los paralelismos: comenzaron diciendo que Cataluña era como Escocia, luego como Quebec, y ahora resulta que es como Kosovo. Acaba siendo un poco risible.

Cataluña ha sido el primer laboratorio del populismo de la posverdad. Con la ventaja de que contaba con su propia cadena de televisión

P. En el libro pones el independentismo catalán en el contexto de una crisis del orden liberal. Es la respuesta a una crisis no tan distinta del Brexit, la elección de Trump o la propaganda rusa.

R. Gabriel Colomé contaba el otro día en una entrevista que Cataluña ha sido el primer laboratorio del populismo de la posverdad. Con la ventaja de que no tenía ni que recurrir a Russia Today, el brazo de propaganda internacional ruso, porque contaba con su propia cadena de televisión. El populismo no ha funcionado en España nacionalmente e incluso Podemos ha ido cambiando su discurso. Pero sí lo ha hecho en la estrategia independentista, seguramente apoyada por el proceso de construcción nacional que hizo Jordi Pujol en los años noventa. Consiguió crear una sensación de unanimismo, un enemigo exterior que ni siquiera es España, sino algo difuso llamado Estado español.

P. Sin embargo esa estrategia basada en la posverdad también ha mostrado sus límites: puedes sacar a dos millones de personas a la calle a manifestarse, hacerles creer que es posible la independencia para Cataluña, pero lo cierto es que no puedes ir más allá de lo simbólico.

R. Esa es exactamente la idea del libro. Por eso es un golpe posmoderno. Los independentistas dicen: si hacemos una especie de revuelta de diseño, posmoderna, un Estado moderno no va a tener herramientas para defenderse. Se va a mostrar muy bruto, nos va a aplastar con violencia y la opinión pública internacional no lo va a tolerar. Pero hemos visto que el Estado moderno tiene más herramientas de las que pensábamos y la realidad es muy cabezona: la economía se resiente, y además estás en el orden liberal donde el respeto a la legalidad es fundamental, porque está conformado por países que se basan en leyes.

Concentración por la libertad de Oriol Junqueras en la prisión de Estremera. (EFE)
Concentración por la libertad de Oriol Junqueras en la prisión de Estremera. (EFE)

P. El cálculo del independentismo fue claramente erróneo.

R. En su libro ‘Cataluña ante España’, Xavier Vidal-Folch explica que el unilateralismo ilegal del independentismo catalán ha hecho que en Europa muchos nacionalistas que podrían simpatizar con sus reivindicaciones frenen su apoyo, y eso le ha aislado. Estos otros nacionalismos están negociando con sus gobiernos, pero no pretenden saltarse la legalidad. El mayor error es siempre creerte tu propia propaganda, como le ha pasado a una parte de los independentistas. Esto viene de una vieja creencia del nacionalismo catalán, que estaba ya en Prat de la Riba: la idea de que España es un Estado pero no una nación, y es uno que no podrá defenderse, porque no le gusta ni a los propios españoles. Tras lo sucedido ves no solo que el Estado se defiende, sino que incluso le gusta a muchos catalanes. Un Estado es muchas cosas: una compañía de seguros, el sistema de solidaridad entre clases y generaciones, pero también una máquina represora. Y los independentistas lo sabían, por eso querían crear el suyo. Pero es normal que te gane un Estado más fuerte que el que tú querías crear.

Un Estado es muchas cosas: una compañía de seguros, el sistema de solidaridad entre clases, pero también una máquina represora

P. Todo esto recubierto por algo que tú llamas el “kitsch” del procés. No es que no exista un “kitsch” español, o españolista, pero el independentista catalán lo ha mostrado de una manera evidente, con manifestaciones y símbolos que eran estetizaciones de lo que percibía como su propia bondad.

R. Ahí uso la idea del novelista Milan Kundera, que escribió mucho sobre el kitsch. La idea de que te emocionas contemplando tu propia belleza moral. Es algo que durante el procés hemos visto mucho, por ejemplo en esas performances en las plazas de los pueblos donde la gente se metía durante unas horas en cárceles figuradas en homenaje a los llamados presos políticos. Aunque en Cataluña se ha dado con más fuerza, creo que es un fenómeno contemporáneo, cierto emotivismo general que si levantáramos la cabeza puede que viésemos que es una corriente mayor. También en eso el independentismo catalán ha sido un adelantado. En muchas protestas colectivas, y en el comportamiento de mucha gente en las redes, se ve ese narcisismo moral. Sus manifestaciones eran como un gran “selfie”.

P. La ventana de oportunidad para una gran ruptura que se abrió con la crisis financiera se está cerrando o se ha cerrado del todo. No solo para el independentismo, sino también para cierta izquierda que se alió con el independentismo, de manera explícita o tácita, para cargarse el llamado régimen de 1978.

R. La alianza ocurre en un momento en que se considera que el proyecto de España está agotado. Como cuenta Fernando Vallespín, en la ruptura todo el mundo podía proyectar su utopía particular: pensar que tu república será feminista, más solidaria… Además la sorpresa por la alianza de la izquierda con el independentismo es absurda, porque ha sido algo constante, tanto en España como fuera. Pero no era solo un monstruo de dos cabezas: tenías al partido anticapitalista apoyando al más business-friendly, a los ateos con los más católicos. Una sociedad civil completamente cooptada. No sabemos cuánto tardará en llegar el reconocimiento de la realidad, en qué medida los independentistas se podrán seguir aferrando a los juicios, los supuestos exilios y los llamados presos políticos para negar lo evidente. Con un cierto optimismo, yo creo que esa situación cambiará y mucha gente se cansará al ver la imposibilidad de la independencia.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-05-06/daniel-gascon-el-golpe-posmoderno-entrevista_1559124/

 

 

Los doce errores que una casta política no puede cometer, sin morir en el intento

1) No exprimas a la ciudadanía hasta la extenuación. No cargues todo el peso del ajuste sobre las espaldas de los ciudadanos, para no tocar los diecisiete chiringuitos en que has convertido el estado autonómico. Con ello, solo consigues empobrecer a la gente para mantener tu negocio. La gente empobrecida siente la tentación de abrazar el extremismo. Si además comprueba lo bien que tú sigues viviendo, normalmente se deja caer en esa tentación.

2) No traiciones tus señas ideológicas de identidad. Si eres socialista, no indultes banqueros, ni reduzcas las pensiones. Si eres conservador, no liberes terroristas, ni mantengas leyes de aborto libre. Aunque tú solo te muevas por dinero, muchísimos electores creen sinceramente en una serie de valores ideológicos.

3) No trates a tu electorado como si fuera imbécil. Si traicionas tu programa electoral, no intentes encima convencer al votante de que no es cierto lo que está viendo con sus propios ojos. Aunque tú creas que sí, la mayoría de la gente no tiene un pelo de tonta.

4) No pienses que puedes controlar lo que ya no controlas. Aunque no lo creas, ya no vivimos en la era del papel y de la TV. Y aunque pienses que puedes controlar a la opinión pública quitando y poniendo directores de periódico, o a base de concesiones de licencias y publicidad institucional, la Red permite hoy en día a los ciudadanos organizarse, superar cualquier bloqueo informativo y conocer la realidad que tú tratas de ocultar.

5) No perviertas tus instrumentos de medida. Has convertido los organismos y empresas de análisis demoscópico en simples herramientas de manipulación de la opinión pública. En consecuencia, has terminado haciéndote trampas al solitario y creyéndote tus propias predicciones inventadas. Pasó con las últimas elecciones autonómicas catalanas y ha vuelto a pasar en las europeas.

6) No cierres las válvulas de escape de una olla a presión. La tensión acumulada termina encontrando vías de salida, a veces de forma explosiva. Has hecho, por ejemplo, lo posible y lo imposible para evitar que te salieran fuerzas contestatarias de derecha moderada, con lo cual has terminado consiguiendo que te salga una contestación de extrema izquierda. Como suele decirse: “ahí la tienes, báilala”.

7) No sobrevalores la aversión al caos. Como dice Huerta de Soto, el Imperio Romano cayó porque los gobernantes consiguieron que el ciudadano terminara prefiriendo ser invadido por los bárbaros. Si dices “¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy moderado!”, la cosa puede funcionar. Pero lo que no funciona nunca, por ejemplo, es el mensaje “¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy un perfecto ladrón!”.

8) No desprecies el valor de lo simbólico. En tu afán por consolidar el estado autonómico en el que se basa tu negocio, has tratado de eliminar cualquier referencia simbólica a España. Y ahora te encuentras con que no tienes ningún argumento con el que pedir a la gente sacrificios: ¿por quién va a sacrificarse la ciudadanía, aceptando ajustes duros? ¿Por ti? ¿Por el partido? ¿Por la Monarquía? ¿Por la República Confederal? ¿Por Europa? Nadie se sacrificaría por nada de eso. Sin embargo, sí serían capaces de hacerlo por su país.

9) No sobrevalores el papel de la propaganda. Por mucho que te empeñes en repetir que “hay brotes verdes”, que “la recesión ha terminado” o que “hay alegría en las calles”, la gente va a comprar todos los días, y sabe cuánto le dura su sueldo, y habla con sus amigos y con sus familias. Las mentiras flagrantes solo convencen a los que de todas formas te habrían votado, aunque no las dijeras.

10) No mates a la gallina de los huevos de oro. Si eres corrupto, trata al menos de moderarte. No puedes saquear en comandita las cajas de ahorros, y encima desahuciar a decenas de miles de personas, y encima estafar a centenares de miles con las preferentes, y encima hacer que todos ellos paguen con sus impuestos el agujero generado. Las cosas, los bolsillos y el aguante de la gente, dan de sí lo que dan de sí.

11) No desprecies el valor de los sacrificios rituales. Cuando el dios de la opinión pública se encoleriza por el estado de corrupción generalizada, no te queda más opción que aplacarlo. Y eso exige soltar lastre. No puedes pretender calmar a la ciudadanía colérica, si ningún corrupto va nunca a la cárcel o si conviertes la institución del indulto en una garantía perpetua de inmunidad.

12) No confundas el laboratorio con la realidad. La ingeniería social también tiene sus límites, como la civil: los límites que impone la propia sociedad que se quiere transformar. Si un terreno no ofrece una base adecuada para construir una presa, construirla es un suicidio. De la misma manera, mantener, por ejemplo, hojas de ruta de confederalización sin apoyo social en toda España, equivale a un suicidio colectivo, como estás teniendo ocasión de comprobar.

26 de Mayo de 2014 – 12:05:31

Fuente: Libertad Digital / 

Mario Vargas Llosa – Argentina

Argentina, un país que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados.
El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo.
Ese país, que era un país de vanguardia, ¿cómo puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó?¿Alguien los invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?.
No, los argentinos se hicieron eso. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones.
Eso es. El peronismo es elegir el error, perseverar en el error a pesar de las catástrofes que se le han ido sucediendo en la historia moderna del país. ¿Cómo se entiende eso?.
Un país con gentes cultas, absolutamente privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que es un continente que concentra todos los recursos naturales. ¿Por qué no son el primer país de la Tierra ? ¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?
Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso. Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino.

Para mí es espantoso lo que ha ocurrido en Argentina. La primera vez que fui allí quedé maravillado. Un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza.
¿Cómo puede estar una pareja como los Kirchner gobernando ese país?
¡Qué degradación política, qué degradación intelectual!
¿Cómo es eso posible?
Mario Vargas Llosa (2009)

Carta de Condoleezza Rice a Chavez

Sr. Presidente Chávez:
Había estado esperando mi salida del gobierno, a que transcurriese un tiempo prudencial para enviarle esta misiva. Aunque desde el punto de vista geopolítico sus expresiones desconsideradas contra mi persona fueron deleznables, por lo cual no fueron respondidas oficialmente, no puedo negar que me produjeron malestar. Ningún ser humano puede dejar de molestarse cuando alguien se refiere a él o ella en términos procaces y desconsiderados. En el caso que nos ocupa ello estaba magnificado por el hecho de que: (1) usted era el presidente de un país con el cual mi país tiene relaciones diplomáticas; (2, usted violó el viejo dicho español que reza: “a la mujer, ni con el pétalo de una rosa”y, (3), sus comentarios tenían un componente racista que en mi país es ya definido como “politicamente incorrecto”, pero que usted aún practica con entera impunidad en el suyo.
Se refirió usted a mis escasa cultura y a una pretendida atracción que yo sentiría por usted. En primer lugar, debo decirle que anoche tuve el honor de tocar con la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, como solista, el concierto número 20 para piano de Wolfang AmadeusMozart, K.466 (sabe usted el significado de K.? No lo creo). Soy una de las más destacadas concertistas no-profesionales de los Estados Unidos. Estudié piano al mismo tiempo que me graduaba de politóloga en la Universidad de Denver. Y usted, Sr. Chávez? Me dicen que aparte de haber sido un estudiante mediocre de la Escuela Militar de Venezuela, aparentemente el refugio de quienes no dan la talla en la universidad, usted no tuvo otra educación formal. Parece ser que ello es la razón por la cual insiste en que 8×7=52 y que el hombre llegó al planeta Tierra hace 2000 años. Sin olvidar que su ortografía parece dejar bastante que desear. Sus pomposas citas son cursilonas y con frecuencia inexactas. Fíjese que solo es ahora que le digo esto, ya que jamás le hubiera echado a usted en cara su incultura y patanería, a no haber mediado su agresión a mi persona.
En segundo lugar, no creo que sentiría atracción por alguien como usted. No me refiero a su aspecto físico, el cual ciertamente no es de concurso sino, digamos, simplemente sub-standard. Me refiero a sus maneras, a la pobre calidad de su lenguaje y a la agresividad que muestra hacia el sexo femenino. Estoy informada de su manera de tratar a su ex-esposa, hasta en público, de sus ofertas machistas por televisión acerca de ‘darle lo suyo” y de la violencia que usted utilizó contra las mujeres con quienes tuvo relación en el pasado. Afortunadamente hoy no se le conoce relación con fémina alguna, excepto alguna que otra zalamería ocasional hecha a algún travestís brasileños. Por ello no podría sentir atractivo alguno por alguien que, más bien, me causa repulsión. Tampoco me sentiría muy a gusto con alguno de sus acólitos, llámese Cabello o Istúriz, apenas marginalmente más aceptables.
Usted se mofó de mi nombre, Condoleezza, relacionándolo con condolencias y tristeza. No es tal cosa, Sr. Chávez. Mi nombre es derivado de la expresión musical italiana “con dolcezza”, es decir, con dulzura. Se lo explico porque es evidente que sin esa explicación usted no tendría la menor idea de su verdadero significado. Los idiomas no son su fuerte, como lo recuerdo bien de su intento de insultar al Presidente Bush en una curiosa versión del idioma Inglés, algo que sonaba como “iu ar a donki”.
He tenido la suerte de llegar a los más altos niveles del gobierno de mi país debido a mi formación intelectual. No me hice notoria liderando un golpe de estado sangriento que dejó más de 200 venezolanos muertos, algo de lo cual usted se ha jactado, al decir “yo si estuve en un golpe, echando plomo de verdad”. En mi país generalmente (hay excepciones) la gente intelectualmente sólida entra al gobierno buscando reconocimiento y no tiene necesidad de robar. Entiendo que en regímenes como el suyo, ustedes llegan al poder sin muchas credenciales intelectuales y lo usan para enriquecerse o, como dicen algunos, “para comer completo”. Fíjese que no compartimos filosofías de la vida y que mientras yo toco a Mozart con la Orquesta Sinfónica de Filadelfia usted canta rancheras mexicanas a capella, es decir, a palo seco. Mientras yo doy conferencias en las universidades usted cuenta sus peripecias peristálticas, sus retortijones en un túnel.

Bien, creo haber puesto las cosas en su sitio. Usted ha elegido su camino, junto a los estados forajidos y grupos terroristas y narcotraficantes del planeta. Esa ha sido su decisión. Pero ello lleva consigo responsabilidad indelegable. Usted ha podido ser un discipulo de Mandela y eligió ser un discípulo de Mugabe. Ha podido sentirse orgulloso de Jose Maria Vargas y decidió sentirse orgulloso de Ezequiél Zamora. Usted eligió su camino. Su régimen terminará, como decía T.S. Eliot (un poeta de mi país, Sr. Chávez) acerca del fin del universo: “no con una conmoción sino con un susurro”. No tendrá donde esconderse.

Idiota no es cualquiera, Sr. Director

ASÍ SE EXPRESAN DE CHÁVEZ, EN UN PERIÓDICO DE BUENOS AIRES, Y DE VERDAD IMPRESIONA SU AGUDEZA, ¡Que pena ajena!

Este artículo salió en un diario de Buenos Aires y mejor no podía estar. No tiene desperdicio. Léelo para que constates que el mundo no está engañado, sino los que rodean al idiota.

IDIOTA NO ES CUALQUIERA, SR. DIRECTOR:

Se necesita vocación y entrenamiento. Sea cual sea el empaque. Porque hay varias clases de idiotas: los invisibles y los que encandilan. Los inodoros y los que apestan. Los insípidos y los que empalagan. Hay idiotas con toga e idiotas con botas. Hay idiotas de reciente cosecha y los hay añejados. Hay idiotas por conveniencia y también loshay por convicción. Todo idiota, sin embargo, tiene su equipamiento básico: una serie de rasgos peculiares que lo definen y lo separan del resto de la especie.

El idiota típico, por ejemplo, no distingue colores ni matices. Ve el mundo en blanco y negro. Alimenta su discurso con dicotomías. Pobres y ricos. Patriotas y lacayos del imperio. Buenos y malos. Capitalismo y socialismo.

El idiota practica el autoengaño. Cree que maneja a los demás… y los demás lo usan. Lo ponen, verbigracia, a dar insultos a un gringo en tierra ajena, mientras el anfitrión voltea su estrabismo para desentenderse. O algún analfabeto presidente, embutido en un poncho, le organiza un acto de adulación para vaciarle la bolsa mientras habla.

El idiota no sabe lo que dice. Usa la lengua pero no el cerebro. Le rinde culto a la consigna. Llama a formar ‘uno, dos, tres Vietnam’, sin recordar el sufrimiento que un solo Vietnam le causó al mundo. O grita a todo gañote: ‘Patria, socialismo o muerte’, como opciones alternativas de futuro. Como una amenaza enarbolada a los cuatro vientos, que deja sin espacio a quienes creen en la humanidad, la libertad y la vida. El idiota no sabe sacar cuentas. Se mira en el espejo y grita: ‘¡Somos dos!’.

El idiota, en efecto, asocia a su país con tres países pobres y pequeños… y cree que el imperio está temblando. Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua se embarcaron en esa aventurilla que es ALBA. Unidos suman unos 50 millones de habitantes. La mitad de los que tiene México. La cuarta parte de los de Brasil. La sexta parte de la población del imperio, quien no se ha dado ni cuenta de que el ALBA respira. El idiota no sabe que los demás lo ven. Persigue al hombre de su vida por toda América Latina, y luego dice que aquél lo anda buscando. Monta un show de bostezos y de insultos en un pequeño estadio de un barrio bonaerense y luego va a dormir en el súper lujoso Sheraton hotel. Prédica y conducta vanpor distintos rumbos.

El idiota no tiene identidad política. En Argentina se proclamó hijo de Bolívar, de San Martín, de Tupac Amaru, del Ché Guevara y de Perón. Cuando visita Cuba es hijo de Martí. En Nicaragua es hijo de Sandino. En Perú, de Velasco. En la China, de Mao. Esa mezcla de padres tan disímiles tal vez sea responsable del desorden ideológico que el pobre idiota carga entre verruga y ceja.

El idiota prefiere lo parejo. Le tiene miedo a la diversidad. Por eso quiere un partido único, donde todos complazcan sus caprichos. Y un pensamiento único que evite la comezón de la disidencia. Y un líder único y eterno, cuyo dedo decida el rumbo el país.

El idiota no asume responsabilidades. La culpa es siempre de otro. Del neoliberalismo. Del imperialismo. De la oligarquía. De los medios de comunicación. De sus ministros, incluso. Es un experto en el arte de lavarse las manos. El idiota se cree grande porque hay otros idiotas que lo aplauden. El idiota se cree tigre de acero. El idiota no sabe que el acero también se derrite.