Las claves de la felicidad

Verdaderamente yo no soy un experto en felicidad ni me considero nadie con especial autoridad para dar consejos sobre algo que debería ser nuestro objetivo irrenunciable día a día y que, sin embargo, pasamos por alto a veces con obcecada terquedad. Con frecuencia muchos seres humanos olvidan que sea cual sea la razón de nuestra existencia, cada uno tiene sus personales opiniones, nadie debería nunca renunciar a la búsqueda de la felicidad. Pero, ¿existe una receta universal que permita disfrutar a cualquier ser humano de tan placentera experiencia? La respuesta es obvia, no, rotundamente no. Es más, por desgracia, muchos seres humanos desde que nacen, o en alguna fase de su vida, no sólo desconocen que es la felicidad, sino que por ende les toca, ha tocado, o les tocará, en algún momento de su vida o en toda ella, sufrir un auténtico infierno sin escapatoria posible. Las causas de ello son múltiples y están al alcance de cualquiera.

Aunque existen unas pautas generales, la felicidad es un traje a medida que se ha moldear a “la medida” de cada cual. Y lo que parece fuera de toda discusión es que existe un potente vínculo entre la felicidad y las elecciones que vamos tomando a lo largo de la vida. Las investigaciones en este campo demuestran que “las actitudes hacia la felicidad son altamente moldeables y, de hecho, fácilmente influenciables”.

¿Qué pensaban los filósofos griegos

Hoy en día los griegos no pasan por los mejores momentos de su historia y su influencia en el mundo es apenas irrelevante. Aunque haya que quitarse el sombrero ante la belleza inigualable de sus costas e islas, por citar sólo algunas: Oia (Santorini), Acrópolis (Atenas), Templo de Poseidón (Atenas), Meteora, Isla de Creta, Oráculo de Delfos, Thira (Santorini), Mikonos, Templo de Artemisa (Corfú)… y, por supuesto, y el encanto de mucho de sus rincones del interior y de sus monumentos por todos conocidos. Por cierto, alguno de nosotros seríamos completamente felices viviendo en alguno de sus parajes, aunque fuera “tirando” con sólo unos poquillos dracmas al mes.

Decía que hoy en día la influencia de los griegos en el devenir del mundo es minúscula, pero en el pasado sus filósofos, matemáticos y artistas con una inspiración y sabiduría inconmensurables surgida de mentes prodigiosas entrenadas en la reflexión y en la observación sentaron las bases de nuestra cultura, de la democracia, en definitiva, de nuestra sociedad. Y muy especialmente, sin apenas medios o recursos de ningún tipo, respondieron a muchas preguntas trascendentales. Preguntas que hoy casi nadie se hace, estamos tan dirigidos, pero que dan explicaciones plausibles al origen y razón de nuestra existencia y de nuestra naturaleza. Y entre las preguntas que nuestros antecesores los griegos se hacían estaba la que atañe a la felicidad. He aquí lo que opinaban nuestros sabios antecesores.

Para Sócrates, uno de los más grandes pensadores antiguos, la felicidad no proviene de recompensas o elogios externos. Viene del éxito privado, interno que la gente se concede a sí mismo.

Al reducir nuestras necesidades, podemos aprender a apreciar los placeres más simples.

“El hombre que hace todo lo que lleva a la felicidad depende de sí mismo, y no de otros hombres, y ha adoptado el mejor plan para vivir felizmente” – Platón.

No es ninguna sorpresa que Platón, el estudiante de Sócrates, defina la felicidad como su maestro.

La versión de Platón de la felicidad es una forma de crecimiento personal. Está derivando la satisfacción de los logros – correr un kilómetro más rápido, leer más libros que el año pasado – no por lo que se pueda ganar con esos logros sino por el propio crecimiento personal.

“La felicidad depende de nosotros mismos” – Aristóteles. El mensaje llegó a Aristóteles, la idea de felicidad se había consolidado en algo que cultivamos por nuestra cuenta. No es un regalo que otras personas o cosas nos dan, en otras palabras: es algo que creamos desde dentro y tenemos la responsabilidad de protegerlo.

“Las bendiciones más grandes de la humanidad están dentro de nosotros y están a nuestro alcance.” El sabio está contento con su suerte, cualquiera que sea, sin desear lo que no tiene “- Séneca.

Los griegos llamaban Hedonismo a una doctrina filosófica centrada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor. Mientras que, el Estoicismo, reflejaba una corriente casi opuesta en la que se debía prescindir de lo superfluo y llevar una vida basada en la razón y la moral. En la actualidad, decimos que una persona estoica es alguien que lleva las desgracias con resignación.

Buscamos incesantemente el hedonismo, es decir, la felicidad, el placer… pero nos regodeamos en el estoicismo como arma psicológica que nos protege del fracaso de no conseguir ese estado hedonista tan anhelado.

¿Qué pensaban otros filósofos?

El punto de vista de los filósofos griegos es sin duda interesante, pero con cierto sesgo moral o ético. No está de más, sin embargo, que conozcamos la opinión de otros pensadores a lo largo de la historia.

“Si estás deprimido estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso estás viviendo en el futuro. Si estás en paz vives en el presente” – Lao Tzu, 600 aC en China.

“Cuanto más medita el hombre sobre los buenos pensamientos, mejor será su mundo y el mundo en general” – Confucio, vivió en China alrededor de 500 aC.

“He aprendido a buscar mi felicidad limitando mis deseos, en lugar de intentar satisfacerlos” – John Stuart Mill, nacido en 1806.

“La felicidad es la sensación de que el poder aumenta – que la resistencia se está superando” – Friedrich Nietzsche, filósofo del siglo XIX.

“La vida no es un problema que hay que resolver, sino una realidad que hay que experimentar” – Soren Kierkegaard, filósofo del siglo XIX.

“La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá, pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y se sentará suavemente sobre tu hombro” – Henry David Thoreau, nacido en 1817 en Massachusetts.

Mi punto de vista.

Me encanta no ser políticamente correcto, me encanta tocar las narices, me encanta, en definitiva, decir lo que pienso, eso me hace feliz. Por ello, y con todo el respeto del mundo, voy a expresar lo que para mí es la felicidad y no lo voy a decir con dos palabras pues para mí la felicidad es un cóctel elaborado con muchos componentes. Ahí voy…

En primer lugar, ser feliz es una sensación, una sensación intensa de paz, de salud, de alegría, de emborracharse de un aire purísimo. Una sensación de sentir que tienes todo lo que necesitas, que se acabaron todos los problemas y de que nunca más llegará ni la noche ni las negras nubes. Ser feliz es sentir que todo es mágico, inesperado, posible y hermoso. Ser feliz es amar. Amar y soñar. Soñar, anhelar y volver a soñar. Ser feliz es que tu alma vuele hasta el infinito. Ser feliz es, como decía Jesús (con perdón), amar a Dios y a los demás como a uno mismo. Amar a Dios, es decir: el Creador, la Naturaleza, el Bien, el Amor, la Bondad… ¿No estás de acuerdo? ¡Vaya! ¡Qué tristeza! Tú quizás prefieres quedarte con tus dioses: dios-dinero, dios-casa hipotecada, dios-placer, dios-ambición, dios-poder y… lo peor de lo peor: dios-política. Y mil dioses más… Pues muy bien, respeto tu elección, pero sé entonces que tú no conoces la felicidad y, lo peor, que por ese camino nunca la conocerás.

Esto te vendrá bien.

Lisa Cypers Kamen, entrenadora, internacionalmente conocida, de psicología positiva aplicada, especialista en gestión del estilo de vida, propone las claves de un sistema innovador para cultivar el bienestar sostenible y la felicidad en nuestras vidas desde adentro hacia afuera. Las técnicas de Lisa combinan entrenamiento mental, emocional y espiritual para aumentar la elasticidad, el autocontrol y la vida óptima.

Sus consejos, claves y ejercicios impulsan lo que ella llama “Factor de la Felicidad” a nuevos niveles y muestran cómo aprovechar la alegría y la paz que te mereces.

  • Acepta el pasado por lo que es -un punto de referencia-, no un destino
  • Abraza la verdad de que mientras la vida es dura, puedes ser feliz
  • Transforma tu relación consigo mismo de enemigo a aliado
  • Aprecia por qué menos es a menudo más
  • Concéntrate en lo que está bien en tu vida, no en lo que está mal
  • Controla a la única persona que puedes, tú mismo.
  • Invierte en ti mismo para volverte mentalmente, físicamente, emocionalmente y espiritualmente mejor
  • Utiliza tu alegría recién descubierta para convertirte en una influencia más positiva y productiva en tu alrededor.

No puedo terminar este artículo sin manifestar que en mi opinión para ser feliz es imprescindible ser honesto, ponerse en el lugar del otro y no engañarse a sí mismo (la mejor manera para ser un infeliz toda la vida). Trata de ser auténtico no dejándote manipular por nadie ni por nada… Ah… y un poco de tolerancia y de buena educación tampoco viene mal.

Qué seas muy feliz!

Lo que dice la ciencia sobre la vida humana

En relación con las discusiones sobre el aborto, la protección de la vida del concebido y los derechos de la mujer embarazada no está de más recordar sucintamente el consenso científico respecto a la vida humana:

·       La vida de todo ser vivo generado por medio de la reproducción sexual comienza con la fecundación del gameto femenino por el masculino, es decir, con la formación del zigoto. En ese momento aparece un nuevo ser de la misma especie que sus padres, cuya dotación genética (el ADN) es diferente del de sus padres y del de cualquier otro ser vivo de esa especie, excepto en el caso de gemelos idénticos. Este nuevo ser vivo conservará la misma dotación genética desde ese instante hasta su muerte. Por eso se protegen los huevos de las tortugas marinas y de otras especies en peligro, porque son individuos de esas especies.

·       En todas las especies de seres vivos que no pasan por etapas de metamorfosis (lo que incluye a todos los reptiles, aves y mamíferos y, por supuesto, al hombre) no hay solución de continuidad en el desarrollo desde el zigoto hasta la muerte. Las fases que acostumbramos distinguir en el desarrollo de los seres humanos (embrión, feto, neo-nato, niño, adolescente, adulto y anciano) son arbitrarias y sin solución de continuidad. Ni siquiera lo es el parto, que anatómicamente consiste en el corte de un vaso sanguíneo (fisiológicamente tiene también otros efectos). De lo que no cabe duda es que, en todas esas fases, de principio a fin, se trata del mismo individuo.

·       En todos los mamíferos placentarios (incluido el hombre), la primera fase de la vida del nuevo individuo tiene lugar dentro del cuerpo de la madre. El periodo del embarazo es equivalente y sustituye al desarrollo dentro el huevo, que en los reptiles y las aves tiene lugar fuera de la madre. En ambos casos, la maternidad comienza en el momento de la fecundación, no en el del parto, que corresponde a la ruptura de la cáscara del huevo. Desde el momento en que se queda embarazada, la mujer ya es madre.

Todo esto no son descubrimientos modernos, se sabe desde hace más de un siglo. Es el consenso de la biología, aceptado por todos los biólogos. Entonces, ¿por qué hay biólogos abortistas? Porque siguen la ética relativista, porque afirman que todo lo que quiere la sociedad es moralmente aceptable. Porque piensan que la decisión a este respecto no tiene que ver con la ciencia, sino con las leyes.

Ante la decisión de realizar un aborto, una mujer debería disponer de toda la información, que a veces parece que se intenta ocultarle. Hay muchas personas cultas que no conocen conceptos biológicos tan elementales como que un embrión es un ser vivo que pertenece a la especie humana y es diferente del cuerpo de su madre.

Fuente: Manuel Alfonseca

http://divulciencia.blogspot.com.es/

Pensando en voz alta sobre Dios

 CIVILIZACIÓN 2014-04-17

Pensando en voz alta sobre Dios

 

JOSÉ GARCÍA DOMINGUEZ

“Pertenezco a una generación que ha dejado de ser católica por el mismo motivo que lo fue la de sus padres: sin saber por qué”. Y sin embargo Dios, reflexionaba antes de perderse en el delirium tremenspor los callejones de la Lisboa vieja el mismo Fernando Pessoa que había escrito esas palabras, aún siendo improbable, es posible. Otra época. Otro espíritu. También, ¡ay!, otra prosa. Sobre todo, otra prosa. Aún no había llegado el tiempo de los Richard Dawkins y sus romas miríadas de monaguillos teófobos, los devotos predicadores del rosario positivista con su muy pacata fe del carbonero en la ciencia y en esa risible superchería pagana, el llamado progreso. Sin duda, lo peor de la muerte de Dios resultan ser los toscos sucedáneos que han venido a usurpar el espacio del misterio que ocupara la vieja religión.

¿Qué son, si no, las oenegés y toda la ingente industria de la solidaridad y el humanitarismo lacrimógeno que las rodea más que pobres, rudimentarias imitaciones en cartón piedra de la liturgia y el ancestral misterio cristiano? Como en su día el comunismo y el anarquismo, como ahora el culto a la ecología, a la paz universal o la devoción al libre mercado, apenas esconden tras sus dogmas en apariencia racionales y racionalistas otra cosa que no sea religión sublimada. Húrguese un poco en la trastienda moral de su común lenguaje laico y laicista, solo un poco, y al punto reaparecerá el ancestral afán bíblico de redimir a la Humanidad implantando el reino de Dios en la Tierra. Torpes intentos de secularizar la escatología cristiana, apenas eso.

Acaso la mayor mentira de este tiempo de mentiras que nos ha tocado vivir sea la presunción de que la nuestra es una era descreída. Nada más ajeno a la verdad. Éste es un tiempo de dioses de todo a cien. Y sin embargo, con sus pecados, que son muchos, la Iglesia de Cristo ha generado infinitamente menos fanáticos, idólatras y alumbrados que ese surtido carrusel de religiones laicas, el que lleva dos siglos pugnando por ocupar su lugar. Repárese al respecto en la retahíla de temerarios necios que hoy mismo pretenden impartir magisterio sobre la doctrina social del catolicismo al propio papa Francisco. Y al fondo Él, siempre silente, siempre posible.

 

Fuente: http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/pensando-en-voz-alta-sobre-dios-71316/

 

Alcanza tu sueño

ALCANZA TU SUEÑO
por Mahatma Gandhi
Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal,
pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo
vendrá a tus manos en el momento oportuno.

Aprende a esperar el momento exacto
para recibir los beneficios que reclamas.
Espera con paciencia a que maduren los frutos
para poder apreciar debidamente su dulzura.
No seas esclavo del pasado ni de los recuerdos tristes.

No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
Lo que pasó, ¡pasó!
De ahora en adelante, procura construir una vida nueva
dirigida hacia lo alto, y camina hacia delante sin mirar atrás.

Haz como el sol que nace cada día
sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas cuán difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que hayas hecho;
camina en lo bueno que puedes hacer.

No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates de que otros cambien;
sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien
y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.

Busca a alguien con quien compartir tus luchas
hacia la libertad; una persona que te entienda,
te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona,
despréndete de ella y ámala sin pedirle nada a cambio.

Aprende a mirarte con amor y respeto;
piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama por todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y expulse la tristeza de aquellos que te rodean.
La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido,
iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.

Si en tu interior hay luz y dejas abiertas
las ventanas de tu alma, por medio de la alegría
todos los que pasan por la calle en tinieblas serán iluminados por tu luz.

Trabajo es sinónimo de nobleza.
No desprecies el trabajo que te corresponde efectuar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
Da valor a tu trabajo cumpliéndolo con amor y cariño,
y así te valorarás a ti mismo.

Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él e intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos,
quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y
experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y
con la gracia de Dios, lo cumpliremos.

No te des por vencido. Piensa que si Dios te ha dado la vida,
es porque sabe que tú puedes con ella.
El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado,
sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Tú, y sólo tú, escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros
y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

El helecho y el bambú

El helecho y el bambú

Un día decidí darme por vencido. Renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad. Quería renunciar a mi vida.

Fui al bosque para tener una última charla con Dios.

“Dios”, le dije. “¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?” Su respuesta me sorprendió.” Mira a tu alrededor”, El dijo:
“Ves el helecho y el bambú?”
“Sí”, respondí.

“Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua. El helecho rápidamente creció.
Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.

En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú.
Pero no renuncié al bambú.” Dijo Él. “En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié.” Me dijo.
“En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. “No renuncié” dijo.

“Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura.

Se había pasado cinco años echando raíces.

Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

“No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar” Él me dijo.
“¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?”

“No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros” Me dijo. “El bambú tenía un
propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso”.

“Tu tiempo vendrá” Dios me dijo. “¡Crecerás muy alto!”
“¿Qué tan alto debo crecer?” Pregunté.
“¿Qué tan alto crecerá el bambú?” Me preguntó en respuesta.
“¿Tan alto como pueda?” Indagué.

Espero que estas palabras puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti.
Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia.
Ambos son esenciales para la vida. Continúa.

La felicidad te mantiene Dulce,
Los intentos te mantienen Fuerte,
Las penas te mantienen Humano,
Las caídas te mantienen Humilde,
El éxito te mantiene Brillante.

Pero sólo Dios te mantiene caminando…

El saco de carbón

El saco de carbón

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy
molesto.
Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada:
– Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:
– Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

– ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal
pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:
– Hijo ¿Qué tal te sientes?

– Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de la mano y le dijo:
– Ven conmigo quiero mostrarte algo.
Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto!
Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

– Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.
Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.
Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.
Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.
Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.
Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

Las 4 leyes de la espiritualidad

En la India se enseñan las “Cuatro Leyes de la Espiritualidad”

La primera dice:
“La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa…hubiera sucedido tal otra…”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:
“En cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última:
“Cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegue a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado!

¡Vive Bien, Ama con todo tu Ser y sé Inmensamente Feliz!

“Si un día tienes que elegir entre el mundo y el amor, Recuerda:
Si eliges el mundo quedarás sin amor,
pero si eliges el amor, con él conquistarás al mundo”
Albert Einstein

” La sabiduría es conocer el camino a tomar, la integridad es tomarlo”
M. H. Mckee

Having a mother

Having a mother.

After 21 years of marriage, my wife wanted me to take another woman out to dinner and a movie.

She said, ‘I love you, but I know this other woman loves you and would love to spend some time with you.’

The other woman that my wife wanted me to visit was my Mother, who has been a widow for 19 years, but the demands of my work and my three children had made it possible to visit her only occasionally.

That night I called to invite her to go out for dinner and a movie. ‘What’s wrong, are you well,’ she asked?
My mother is the type of woman who suspects that a late night call or a surprise invitation is a sign of bad news.

‘I thought that it would be pleasant to spend some time with you,’ I responded ‘just the two of us.’ She thought about it for a moment, and then said, ‘I would like that very much.’

That Friday after work, as I drove over to pick her up I was a bit nervous. When I arrived at her house, I noticed that she, too, seemed to be nervous about our date. She waited in the door with her coat on. She had curled her hair and was wearing the dress that she had worn to celebrate her last wedding anniversary.

She smiled from a face that was as radiant as an angel’s. ‘I told my friends that I was going to go out with my son, and they were impressed,’ she said, as she got into the car. ‘They can’t wait to hear about our meeting.’

We went to a restaurant that, although not elegant, was very nice and cosy. My mother took my arm as if she were the First Lady.

After we sat down, I had to read the menu. Her eyes could only read large print. Half way through the entries, I lifted my eyes and saw Mother sitting there staring at me. A nostalgic smile was on her lips.

‘It was I who used to have to read the menu when you were small,’ she said ‘Then it’s time that you relax and let me return the favor,’ I responded. During the dinner, we had an agreeable conversation nothing extraordinary but catching up on recent events of each other’s life. We talked so much that we missed the movie.. As we arrived at her house later, she said, ‘I’ll go out with you again, but only if you let me invite you.’ I agreed.

‘How was your dinner date?’ asked my wife when I got home. ‘Very nice, much more so than I could have imagined,’ I answered.

A few days later, my mother died of a massive heart attack. It happened so suddenly that I didn’t have a chance to do anything for her. Sometime later, I received an envelope with a copy of a restaurant receipt from the same place Mother and I had dined. An
attached note said: ‘I paid this bill in advance. I wasn’t sure that I could be there; but nevertheless, I paid for two plates – one for you and the other for your wife. You will never know what that night meant for me. I love you, son.’

At that moment, I understood the importance of saying in time: ‘I love you.’ and to give our loved ones the time that they deserve. Nothing in life is more important than our family. Give them the time they deserve, because these things cannot be put off until
‘some other time.’

Somebody said it takes about six weeks to get back to normal after you’ve had a baby…. that somebody doesn’t know that once you’re a mother, ‘normal’ is history.

Somebody said you can’t love the second child as much as you love the first…..that somebody doesn’t have two or more children.

Somebody said the hardest part of being a mother is labor and delivery….that somebody never watched her ‘baby’ get on the bus for the first day of kindergarten…or on a plane headed for military ‘boot camp.’

Somebody said a Mother can stop worrying after her child gets married…..well that somebody doesn’t know that marriage adds a new son or daughter-in-law to a Mother’s heartstrings.

Somebody said a Mother’s job is done when her last child leaves home….that somebody never had grandchildren.

Somebody said your Mother knows you love her, so you don’t need to tell her… that somebody isn’t a Mother.

Pass this along to all the ‘Mothers’ in your life and to everyone who ever had a mother.

This isn’t just about being a Mother; it’s about appreciating the people in your lives while you have them….no matter who that person is.

‘Be kinder than necessary, for everyone you meet is fighting some kind of battle.

Las ratas

 
Después de la segunda Guerra Mundial,
un joven piloto inglés probaba un frágil avión monomotor
en una peligrosa aventura alrededor del mundo.

Poco después de despegar de uno de los pequeños
e improvisados aeródromos de la India,
oyó un ruido extraño que venía de detrás de su asiento

Se dio cuenta que había una rata a bordo
y que si roía la cobertura de lona,
podía destruir su frágil avión..

Podía volver al aeropuerto para librarse
de su incómodo, peligroso e inesperado pasajero,
pero podría así frustrarse su misión…
De repente recordó que las ratas no resisten
las grandes alturas.

Volando cada vez más alto,
poco a poco cesaron los ruidos que ponían
en peligro su viaje.

Si amenazan destruirte por envidia,
calumnia o maledicencia,

Si te criticaran con maldad:

ACUERDATE SIEMPRE
QUE LAS RATAS NO RESISTEN
LAS GRANDES ALTURAS…
Por eso: ¡Vuela! ¡Cada vez más alto!

Los fantasmas del astillero

Los fantasmas del astillero
Cuenta la historia que en los Astilleros de Guayaquil se construyeron hace muchos años las más grandes embarcaciones. Fueron sin duda los astilleros más famosos de las dos Américas. Durante los dos últimos siglos coloniales fueron los principales del Pacífico Americano y los más célebres de Europa.
Es allí donde comienza nuestra historia con un joven pescador llamado Jeremías. Su vida había transcurrido cerca del mar, hijo de pescadores y el último de una generación de hombres fuertes y valientes que en aquella época se dedicaron a carenar barcos.
Siempre escuchó contar a sus abuelos sobre anécdotas ocurridas en el Astillero. Su sueño fue siempre construir un barco tan grande y tan hermoso que fuera digno de cruzar el océano y rescatar un poco de aquella historia, pero su condición económica jamás se lo permitiría, por eso solo se conformaba con llegar cada tarde después de la pesca a mirar ocultarse el sol a orillas de los Astilleros, desde allí contemplaba el horizonte, y su sueño alejarse cada vez más de la orilla…
Cierto día al llegar de su faena, cansado y abatido porque la pesca no había sido tan buena, se quedó en su lugar preferido esperando ver ocultarse el sol, estaba tan cansado que no se dio cuenta en que momento se quedó dormido…
De pronto una luz muy brillante y un ruido estruendoso lo hizo despertar y ante sus ojos, algo maravilloso ocurrió; decenas de hombres estaban allí, construían algo, ninguno al parecer se había percatado de su presencia pues todos seguían trabajando. Jeremías se aproximó hacia ellos y los miró desconcertado preguntándose ¿quiénes serían esos personajes y qué es lo que hacían?, ¿por qué nadie le había hablado de ellos?, corrió de un lado a otro buscando a alguien que le respondiera sus preguntas pero nadie parecía escucharlo, todos seguían trabajando…. jeremías jamás había visto esos rostros…
Al amanecer Jeremías vio como en medio de la espesa niebla aquella imagen se desvanecía y no quedaba nada de todo lo que había visto. Inmediatamente pensó… fue un sueño… nada más fue un sueño… se marchó a su casa y no pensó más en aquello. ¡Ah!, si hubiera sido cierto quizás el también hubiera contribuido en el trabajo…
El tiempo fue pasando, Jeremías era un hombre bueno, siempre ayudaba al que lo necesitaba, así no tuviera nada que comer, el prefería entregar toda su pesca a tanta gente pobre que vivía por allí. Todos lo querían y todos acudían a él cuando lo necesitaban, niños, ancianos, hombres y mujeres, y siempre lo veían rodeado de niños que se divertían escuchándolo contar sus historias y sus hazañas de pescador. Una vez un tiburón casi lo deja sin piernas, pero Jeremías no mató al animal, el decía que esas criaturas no eran malas, solo sobrevivían igual que todos lo hacemos en este mundo y que aquella bestia no era más depredadora que muchos hombres que devoran a la gente con mentiras, el animal mata para sobrevivir, el humano para calmar su sed de venganza, de codicia, de poder…
Un día… solía decir Jeremías, un día yo construiré un barco grande y llevaré a todos los niños y niñas en el, y buscaremos una isla donde solo reine la paz y la alegría, y seremos todos “amigos”. ¡Ah! pobre Jeremías, decía la gente, pasa todo el día en el mar bajo el sol que solo le queda inventar fantasías.
El tiempo pasó. Jeremías se fue volviendo viejo, ya no tenía fuerzas para ir a pescar, ya no contaba historias y tampoco podía ayudar a la gente, sin embargo su sueño seguía vivo en su corazón.
Cierta noche, Jeremías despertó inquieto, ¡alguien me llama! decía, las voces vienen de los Astilleros, debo vestirme. Sacó del viejo baúl de su abuelo un deteriorado traje blanco y un gorro de marinero. Jeremías salió a las calles y empezó a caminar sin rumbo, iba y venia sin decidirse a tomar la ruta.
De pronto, de entre las tinieblas de la noche surgió una imagen que le extendió su mano y le dijo: “Jeremías, Jeremías, el momento ha llegado, tu sueño se ha cumplido, ven conmigo”, y ante ese mandato Jeremías acompaño a la imagen y llegó a los Astilleros.
Allí estaba, el mismo cuadro que había visto hace tantos años, estaba allí, decenas de hombres trabajando, trocos de guachapelí, canelo, guayacán, algarrobo, mangles, cañas, robles, ricas maderas que fueron el tesoro de aquella gran época donde construir barcos era nuestra riqueza.
Allí estaban y ante tan bella imagen algo más maravilloso. Era imponente, majestuoso, digno de todos los mares, ante sus ojos el barco más hermoso que hombre alguno pueda imaginar jamás.
Los hombres se hacían a un lado, Jeremías no sabía porque le hacían reverencias. No decían nada, nunca lo hacían, solo extendían sus manos en señal de reverencia, señalándole el camino hacia el muelle.
Jeremías no sabía lo que sucedía, estaba maravillado, no sabía si reír o si llorar de alegría.
De pronto, la voz de aquella imagen lo sacó de su éxtasis y se acercó hacia el, esta vez tomando forma…, la forma de un ángel. “Jeremías” le dijo, “fuiste un hombre tan bueno que por eso Dios te ha devuelto tu sueño, allí tienes tu barco, ve y navega en el y busca tu isla, Dios te ha elegido para ser pescador de almas…”
Jeremías subió al barco y todos los hombres que habían trabajado en el, “fantasmas del Astillero”, lo acompañaron en su viaje…
Al día siguiente, los pescadores de aquel lugar encontraron a Jeremías con su traje blanco y su gorro de marinero muerto en su vieja canoa, pero con una hermosa sonrisa en su rostro…
El tiempo ha pasado y aún ahora en nuestra época cuentan nuestros abuelos que cuando un niño muere en el puerto, Jeremías viene en su barco y lo recoge para llevarlo a su isla que no es otra que el cielo.