Cómo superar el ‘Love cliff’ en 2013 (y en sólo 13 citas)

Cómo superar el 'Love cliff'  en 2013 (y en sólo  13 citas)

De Francis Bacon a Melanie Griffith, todos han hablado sobre el amor. (Corbis)  30/12/2012

Año Nuevo, vida nueva, como se suele decir. Todos conocemos bien los propósitos de Año Nuevo y la facilidad con la que suelen caer en el olvido. Fumar menos, comer mejor y hacer más deporte suelen ser algunas de las propuestas más habituales que nos planteamos de cara a la nueva temporada, así como algún que otro cambio personal, como portarse mejor con los que nos rodean o hacer más caso a nuestra pareja o familia. Sin embargo, pocas veces nos planteamos deshacernos de las nociones que, arraigadas en nuestras mentes, nos impiden cambiar de actitudes y comportamientos en temas como el amor. Esas actitudes dañinas son las que, si no somos capaces de evitarlas, nos arrastrarán a ese “abismo emocional” que, como a EE.UU. le ocurre con el abismo fiscal, nos amenaza a la vuelta del Año Nuevo. Si podemos entender qué nos ocurre desde el punto de vista de los sentimientos, y cómo funcionan las relaciones, podremos cambiar y acercarnos a la felicidad, y no al precipicio.

Por eso hemos seleccionado 13 citas que, más o menos conocidas, proporcionan un nuevo punto de vista sobre las relaciones personales que nos ayudan a tomárselas con un poco más de filosofía y sentido del humor. Aunque, cuidado, no hay que tomárselas al pie de la letra, porque quizá terminemos como Zsa Zsa Gabor, famosa entre otras cosas por haberse divorciado en ocho ocasiones.

–“La gente cambia pero se le olvida decírselo a los demás” (Lillian Hellman). La dramaturga americana que fuese pareja del escritor de novela negra Dashiell Hammett indicaba en esta sentencia uno de los grandes peligros a los que ha de enfrentarse toda pareja y es que, como es natural, todos cambiamos. A veces para mejor, en ocasiones para peor, pero, en la mayor parte de casos, simplemente somos diferentes, dependiendo de las experiencias que hayamos vivido. En comprender y aceptar los cambios se encuentra parte del éxito de una relación.

“Los hombres se casan porque quieren tener una casa, pero también porque no quieren que se les moleste con eso del sexo” (William Somerset Maugham). Con la ironía que le caracterizaba, el autor de El velo pintado se hacía eco del tópico que dice que el primer paso hacia el altar es el primer paso hacia el aburrimiento en la cama, aunque la experiencia nos haya demostrado que no tiene por qué ser así.

–“El amor es una locura temporal fácilmente curada por el matrimonio” (Ambrose Bierce). En su célebre Diccionario del diablo, el escritor y periodista desaparecido en 1913 definía desde un punto de vista bastante heterodoxo diferentes conceptos de la vida diaria. En este caso, y como es habitual, el oriundo de Ohio identificaba el matrimonio con el comienzo del declive amoroso aunque, como sabemos hoy en día, el amor romántico no es lo más importante en una relación.

–“Nunca conoces a un hombre hasta que te divorcias de él” (Zsa Zsa Gabor). Según su sentencia y su historial amoroso, la casi centenaria actriz debió conocer en profundidad a ocho hombres, ya que tal era el número de sus ex maridos. Sin embargo, hay que reconocer que una constante entre todas las parejas que se ven obligadas a separarse después de un tiempo de convivencia es la sensación de que nunca han llegado a conocer verdaderamente a sus parejas. ¿O será, como en el caso de Hellman, una mera consecuencia de haber cambiado?

–“La persona a la que quieres y la que te quiere no son jamás la misma persona” (Chuck Palahniuk). La cita del autor de El club de la lucha (en la imagen) puede entenderse de dos maneras diferentes. La más obvia, aunque seguramente la equivocada, es que es difícil encontrar un amor correspondido de verdad. Pero seguramente a lo que Palahniuk se refiera es a que la imagen mental que tenemos de la persona amada raramente se corresponde con la realidad objetiva lo que en infinidad de ocasiones conduce a la frustración e incomprensión.

–“Siempre hay algo de locura en el amor. Pero al mismo tiempo, siempre hay algo de razón en la locura” (Friedrich Nietzsche). ¿Qué habría sido de nuestra noción de amor sin la concepción romántica del mismo? Heredero de la misma, el filósofo alemán recordaba ese pequeño porcentaje de irracionalidad implícito a toda relación amorosa, pero en el que también late algo de razón, como señala el bigotudo teutón.

–“Nunca ames a nadie que te trata como si fueses otro más” (Oscar Wilde). ¿Qué sentido tendría el amor si se trata de una relación semejante a la que mantenemos con cualquier otra persona? Probablemente ninguno, aunque tampoco debe pasar desapercibida la sentencia del célebre aforista Mason Cooley que afirmaba que el amor es como la amistad, añadiéndole el sexo y restándole cordura.

–“El mejor marido para una mujer es un arqueólogo. Cuanto mayor se hace, más interés muestra en ella” (Agatha Christie). No se podía esperar otra cosa de la escritora de novela negra que esta aserción con la que nos recuerda que si envejecer ya es de por sí bastante complicado, aún más puede resultar hacerlo en pareja. Aunque, como hemos recordado en alguna ocasión, en la mayor parte de casos abandonar la arqueología para decantarse por la novedad, es un error.

–“Es imposible amar y ser sabio” (Francis Bacon). Se podría pensar que gran parte de las citas previas proceden de esa visión tan propia del siglo XX sobre el amor que lo ve como un pacto más, un intercambio entre dos personas que se benefician mutuamente y que no tiene más razón de ser que la costumbre. Sin embargo, ya en el siglo XVII el filósofo inglés Francis Bacon avisaba de la incompatibilidad entre razón y sentimiento amoroso. Y ojo, que se trata de un empirista: debe haberlo vivido en sus propias carnes.

–“Si besas a un político, recuerda esto: no sólo le estás besando a él, sino también a cada trasero que ha besado durante los últimos ocho años” (Jay Leno). Aunque no aluda exactamente al tema amoroso –aunque nos recuerde bien con quién ponemos en juego nuestro corazón–, también cabe aquí un espacio para el recuerdo a nuestra defenestrada clase política y sus servilismos.

–“Hay un lugar donde puedes tocar a una mujer para que se vuelva loca. Su corazón” (Melanie Griffith): Estimulando la imaginación de los mal pensados, la esposa de Antonio Banderas (en la imagen) nos recuerda que no todo es sexo en la relación entre hombre y mujer, por mucho que en ocasiones pretendamos que así es.

–“Tener a alguien que se pregunte dónde estás cuando no vuelves a casa por la noche es una necesidad humana muy antigua” (Margaret Mead). La madre de la antropología moderna estudió en profundidad el comportamiento de las culturas nativas de Papúa-Nueva Guinea y finalmente descubrió que, al contrario de lo que mantienen algunas tesis modernas, el amor no es una construcción ficcional creada por el hombre sino una necesidad inherente a la humanidad.

–“Para tener éxito con el sexo contrario, dile que eres impotente. No podrá esperar a demostrar que no es así” (Cary Grant). Concluimos la presente lista con una nota de humor que proviene, paradójicamente, de un actor que seguramente tuvo más experiencias con su propio sexo que con el contrario. Sin embargo, su frase desprende la misma visión descreída e irónica sobre la mujer que un gran número de las screwball comedies que protagonizó durante los treinta y los cuarenta.

(El Confidencial)

Manual para impedir que se aprovechen de ti

Puede que te resulte familiar: Alguien te ha pedido algo y has dicho “sí” cuando en el fondo deseabas decir “no”. Pasó lo de siempre: te dejaste envolver y al final cargaste con algo que no deseabas ni tenías por qué hacer.

¿Te sucede esto con frecuencia? ¿Eres de los que suele decir frases como “no te preocupes, ya me encargo yo” pero enseguida te enfadas por haber sido incapaz de negarte a hacerlo? Es probable que esto te haya sucedido alguna vez porque son muchas las personas que se aprovechan de otros: no es difícil encontrar jefes con exigencias abusivas, personas que se escaquean de sus obligaciones y las encasquetan a otros, o “amigos” que nos “usan” para su propio beneficio.

Y aunque los veamos venir, a veces es muy difícil poner límites a los que intentan abusar de nosotros. No obstante, hacerlo es necesario. Solo así lograremos respeto de los demás y también el nuestro. Pero por si esto no fuese suficiente, se ha demostrado que no hacerlo afecta, entre otros aspectos, a la dignidad de la persona y a la autoestima y también genera indefensión y  una dañina sensación de falta de control sobre la propia vida.

Es por ello que numerosos expertos se han centrado en el estudio de las técnicas más eficaces para afrontar este tipo de situaciones. Barbara Berckhan es una de las más conocidas. Participa en diversos proyectos de investigación en la Universidad de Hamburgo, pero sobre todo, se encuentra plenamente volcada en la divulgación de un modelo de “defensa”  bastante contrastado por la experiencia clínica. A pesar de las diferencias existentes entre los modelos propuestos por diversos expertos, casi todos comparten los mismos puntos en común.

¿Cómo defenderse de los expertos en aprovecharse de los demás?

– En primer lugar debemos concienciarnos de que ser amable es una virtud que hay que potenciar; pero es más importante ser respetado que caer bien. Es necesario recordarlo porque muchas personas ceden una y otra vez intentando ser amables, para evitar discutir o para que no piensen mal de ellos. Y hoy sabemos que hacerlo es un error y que abusos de ese tipo pueden afectarnos más de lo que pensamos.

– También debemos tener claro que para cambiar se necesita práctica. No basta sólo con querer hacerlo. No es tan fácil. Practique con los amigos, con el jefe… Valore los resultados y si falla vuélvalo a intentar.

– Pero antes de actuar debe prepararse. Piense en formas concretas en las que llevará a cabo su plan de defensa. Muchos programas han demostrado su eficacia. Tenga claro qué hacer, practique y sea constante hasta que lo logre.

– Estudie la técnica del abusador. No permita que le pille desprevenido y le aborde por sorpresa: Muchas víctimas dicen reconocer en ellos una pauta de actuación. Se acercan con una excusa, se muestran cordiales, envuelven a la presa. Seguidamente cuentan sus penas: “Tengo mucho trabajo” y al final, el drama: “Estoy desesperado. No sé a quién pedir ayuda”… Ya está. Antes de darse cuenta, se habrá ofrecido a ayudarle.

– Pero hoy, usted ya está listo. Ha puesto un cactus o unos libros justo donde se suele sentar para hablarle. Así evitará que se sienta cómodo y que se tome confianzas excesivas. Ha llegado el momento de iniciar su plan de defensa personal.

– Enfréntese. Lo primero que debe hacer es cambiar su lenguaje corporal: Se ha demostrado que “los que siempre dicen sí” muestran claramente que aceptarán fácilmente lo que se les pida. ¿Cuáles son los rasgos que delatan?: Mirada poco firme, sonrisa complaciente, continuos gestos de asentimiento con la cabeza. “Los aprovechados” detectan a su presa fácilmente, así que si quiere hacerse respetar, debe evitar hacerlos. Cámbielos.

– Y ¿cómo conseguirlo? Adopte una postura digna, firme y segura: Cuando detecte la conocida “danza de seducción” intente mantenerse erguido y con actitud firme. Agárrese a algo si los nervios le hacen moverse.

– Es fundamental que intente mantener los ojos a la altura de su interlocutor. Si está sentado, pídale que tome asiento; si no lo hace, levántese usted.

– No hace falta dejar de ser cordial. Muéstrese amable pero en el momento que detecte que le quieren envolver para que haga algo que no desea, cambie su expresión amable por una cara neutral. Resista sus comentarios con expresión firme y segura. Practique.

 – Deje de sonreír; evite asentir con la cabeza; no haga gestos de conformidad, sobre todo cuando su interlocutor empiece a dejar ver que quiere adjudicarle un marrón.

– Apártese un poco. Aumente la distancia que les separa.

– Muestre claramente, desde el primer momento, que no va a hacerlo. Adopte una postura evidente de negación. Sacuda la cabeza; rompa el contacto visual y mire hacia otro lado.

– Entreténgase con algo: mire la hora, busca un caramelo de menta, anote algo en un papel o revise sus bolsillos. Demuéstrele que su discurso no le interesa.

– También es eficaz interrumpir para cambiar así de tema y no dejarle avanzar en su discurso. “Si yo también quería hablar contigo de algo…”

– Si sigue a pesar de todo, sigue intentando convencerle, levántese con decisión y diga con rotundidad «lo siento, pero no puedo hacerlo».

– Aunque insista, no se salga de ese argumento. Funcione como un disco rayado, no deje que el experto en el escaqueo, encuentre fisuras en la firmeza de sus respuestas.

– No deje que la situación se alargue. En el momento que haya quedado claro que no lo hará, intente cortar la conversación. Puede salir del despacho; decir que tiene una cita o que necesita ir al baño. Pero si simplemente desea seguir con lo que hacía antes, diga simplemente “lo siento, estoy muy ocupado ahora no tengo tiempo para hablar”.

– Existen jetas profesionales que logran dejar su trabajo sobre su mesa y desaparecer. Si esto sucede, reaccione rápido. Llámele enseguida y diga brevemente que “cree” que ha olvidado los documentos y que pase a por ellos.

-Puede ser que a pesar de todo, no le quede más remedio que decir claramente que no piensa hacer su trabajo. No se sienta mal, hágalo con educación. No pierda el control.

– Es un hecho. Son muchas las personas que se aprovechan de los demás y no todo el mundo tiene competencia suficiente para defenderse. No pasa nada. Las habilidades necesarias para hacerlo, se aprenden. Sólo hay que trabajar con firmeza hasta conseguirlo. Lo confirma la investigación y sobre todo la experiencia clínica:…Hacerlo merece la pena.